Dr. Ignacio Fernández Mata: genética y párkinson, mucho más que una cuestión de herencia
25/05/2026
Hablar de genética y párkinson no significa hablar únicamente de herencia. La enfermedad es mucho más compleja: en la mayoría de los casos intervienen factores genéticos, ambientales, biológicos y relacionados con el envejecimiento.
El Dr. Ignacio Fernández Mata, referente internacional en neurogenética y fundador del consorcio LARGE-PD, trabaja precisamente en esa intersección: comprender qué variantes genéticas pueden influir en el riesgo de desarrollar párkinson, cómo se manifiestan en pacientes reales y por qué es fundamental ampliar la investigación a poblaciones tradicionalmente poco representadas, como la población latinoamericana.
A partir de algunas de las claves que abordó recientemente en su intervención en el Hospital Universitario Central de Asturias, organizada por la Asociación Párkinson Asturias, repasamos varias cuestiones esenciales para entender mejor la relación entre genética, riesgo, ambiente y medicina de precisión.
¿Es el párkinson una enfermedad hereditaria?
Una de las ideas más extendidas es que el párkinson no tiene relación con la genética o que, si la tiene, debe ser necesariamente una enfermedad hereditaria. Sin embargo, la realidad es más compleja.
Las formas claramente familiares, causadas por una variante concreta en un gen, no son las más frecuentes. Pero eso no significa que la genética no sea importante. Incluso en los casos llamados esporádicos, es decir, aquellos en los que no existe una historia familiar clara, pueden existir factores genéticos que aumenten el riesgo.
Estos factores no actúan de forma aislada. Interaccionan con el envejecimiento, con cambios biológicos propios de cada persona y con posibles factores ambientales. Por eso, más que hablar de una causa única, hoy se entiende el párkinson como una enfermedad en la que confluyen distintas piezas.
La metáfora del “cubo”: una forma sencilla de explicar el riesgo
Para explicar esta combinación de factores, el Dr. Mata utiliza una imagen muy clara: la metáfora del cubo.
Cada persona nace con una determinada carga genética. Esa carga, por sí sola, no tiene por qué causar la enfermedad. Pero a lo largo de la vida el cubo se va llenando con otros elementos: el envejecimiento, determinados cambios biológicos, posibles exposiciones ambientales o factores de riesgo acumulados.
Cuando ese cubo supera una especie de “línea roja”, es decir, un umbral crítico, pueden aparecer las manifestaciones clínicas de la enfermedad.
Esta metáfora ayuda a entender por qué no todas las personas con una predisposición genética desarrollan párkinson, y por qué no todas las personas expuestas a un mismo factor ambiental tienen el mismo riesgo.
¿Qué papel tienen las toxinas ambientales?
El párkinson rara vez puede explicarse únicamente por la genética o únicamente por el ambiente. En la mayoría de los casos, ambos elementos se combinan.
Algunas exposiciones ambientales, como determinados pesticidas, contaminantes o la mala calidad del aire, se han relacionado con un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Sin embargo, medir con precisión cuánto influye cada factor es muy difícil.
No todas las personas expuestas a toxinas desarrollarán párkinson. Pero una exposición prolongada, especialmente si se suma a una determinada predisposición genética u otros factores de riesgo, puede aumentar las probabilidades.
¿Por qué es tan importante estudiar la diversidad genética?
Durante años, gran parte de la investigación genética en párkinson se ha centrado en poblaciones de origen europeo. Esto ha permitido avanzar mucho, pero también ha generado un sesgo importante: lo que se descubre en una población no siempre se puede aplicar directamente a otras.
Muchas variantes genéticas identificadas en personas europeas tienen una frecuencia muy baja, o incluso no aparecen, en poblaciones latinoamericanas. Esto significa que podrían existir variantes relevantes aún desconocidas en estas poblaciones.
El consorcio LARGE-PD, fundado por el Dr. Mata, busca precisamente cerrar esa brecha. Su objetivo es estudiar la genética del párkinson en población latina y contribuir a una investigación más representativa, más equitativa y más útil para el futuro de la medicina personalizada.
¿Por qué es tan difícil frenar el párkinson?
Uno de los grandes retos del párkinson es que, cuando aparecen los síntomas motores más reconocibles —como el temblor, la rigidez o la lentitud de movimientos—, el proceso de la enfermedad puede llevar años desarrollándose.
Para entonces, una parte muy importante de las neuronas dopaminérgicas ya puede haberse perdido. Esto dificulta enormemente frenar la enfermedad cuando ya se manifiesta de forma evidente.
Por eso, una de las líneas de investigación más importantes es la medicina predictiva: identificar señales tempranas antes de que aparezcan los síntomas motores. El objetivo es poder intervenir en una fase en la que todavía exista margen para proteger las neuronas y modificar la evolución de la enfermedad.
Genética y medicina de precisión: hacia tratamientos más personalizados
La genética no solo sirve para conocer el riesgo. También puede ayudar a identificar dianas terapéuticas, es decir, mecanismos biológicos concretos sobre los que podrían actuar futuros tratamientos.
Comprender qué vías están alteradas en cada paciente permitiría avanzar hacia una medicina más precisa. No todos los casos de párkinson son iguales, ni todas las personas tienen la misma combinación de factores genéticos, ambientales y clínicos.
El futuro pasa por poder clasificar mejor esa diversidad y diseñar estrategias más ajustadas a cada perfil. En ese camino, la genética puede ser una herramienta clave para desarrollar tratamientos más personalizados.
Comprender la diversidad para avanzar
La conversación con el Dr. Ignacio Fernández Mata nos recuerda que el futuro del párkinson pasa por comprender mejor su diversidad: diversidad genética, diversidad clínica y diversidad de trayectorias personales.
Investigar no significa solo encontrar genes o variantes. Significa entender cómo interactúan con la vida de cada persona, con su entorno y con el momento en que aparece la enfermedad.
Ese conocimiento será fundamental para avanzar hacia una medicina más precisa, más temprana y más equitativa.
En el siguiente vídeo, el Dr. Mata explica en un lenguaje cercano y didáctico cómo se integra la genética en la enfermedad de párkinson y utiliza la metáfora del “cubo” para facilitar la comprensión de los factores de riesgo.
Desde la Comunidad Degén, agradecemos al Dr. Ignacio F. Mata su claridad y su capacidad para acercar una cuestión compleja a pacientes, familias y profesionales.