El ejercicio gana peso en el párkinson: no solo mejora síntomas, también podría influir en su evolución

El ejercicio gana peso en el párkinson: no solo mejora síntomas, también podría influir en su evolución

Nuevas investigaciones refuerzan la idea de que la actividad física no es solo un complemento, sino una herramienta clave en el tratamiento del párkinson.

 

El cambio de enfoque: de complemento a pilar terapéutico

Durante años, el ejercicio físico se ha recomendado como apoyo en el párkinson. Sin embargo, la evidencia científica más reciente está cambiando esta visión: cada vez más estudios apuntan a que la actividad física puede tener un papel directo en la evolución de la enfermedad, no solo en el alivio de síntomas.

Un estudio liderado por el Instituto de Biomedicina de Sevilla, publicado en la revista Neurology, ha demostrado que las personas con párkinson que mantienen niveles más altos de actividad física presentan menor deterioro en áreas clave del cerebro, como el hipocampo o la corteza temporal

Este hallazgo es especialmente relevante porque estas zonas están relacionadas con funciones como la memoria, la atención y el procesamiento de la información.

 

¿Puede el ejercicio “proteger” el cerebro?

Los investigadores observaron que el ejercicio regular se asocia con:

  1. Menor pérdida de volumen cerebral
  2. Mejor rendimiento cognitivo
  3. Mayor preservación de funciones mentales

En otras palabras, la actividad física podría tener un efecto neuroprotector, ayudando a ralentizar procesos neurodegenerativos

Este efecto se explicaría, en parte, porque el ejercicio:

  • Favorece la neuroplasticidad
  • Aumenta factores neurotróficos (como el BDNF)
  • Mejora la circulación cerebral
  • Influye en los sistemas dopaminérgicos

No solo síntomas: impacto real en el día a día

Más allá del cerebro, la evidencia es clara en aspectos prácticos. Diversos estudios muestran que el ejercicio regular mejora:

  • La movilidad y la marcha
  • El equilibrio y la prevención de caídas
  • La rigidez y la lentitud de movimiento
  • La calidad de vida general

Además, investigaciones recientes sugieren que el ejercicio de mayor intensidad —siempre supervisado— podría incluso ralentizar la progresión de la enfermedad

 

Investigación en marcha: programas personalizados

En España, nuevas líneas de investigación siguen avanzando en esta dirección. Un ejemplo es el estudio impulsado por Navarrabiomed y la Clínica Universidad de Navarra, que está evaluando los efectos de un programa de ejercicio físico individualizado de 16 semanas en personas con párkinson

El objetivo: medir cómo un entrenamiento adaptado puede influir en la evolución clínica de cada paciente.

 

Entonces… ¿qué significa esto realmente?

Este cambio de enfoque es clave:

  • El ejercicio ya no se entiende como algo opcional
  • Empieza a considerarse parte del tratamiento

Pero con matices importantes:

No vale “moverse un poco”: debe ser estructurado y constante

Debe estar adaptado a cada persona y fase

Requiere, en muchos casos, supervisión profesional

 

Más allá de la evidencia: la realidad del paciente

A pesar de estos avances, hay una barrera importante: integrar el ejercicio en la vida real no siempre es fácil.

Fatiga, falta de motivación, miedo a caídas o simplemente no saber por dónde empezar son obstáculos frecuentes.

Por eso, el reto ya no es solo demostrar que funciona, sino hacerlo accesible, sostenible y adaptado a cada persona.

 

 Cierre Comunidad Degén

En la Comunidad Degén trabajamos precisamente en esta línea: entender el ejercicio no como una recomendación genérica, sino como una herramienta real de acompañamiento, adaptada a cada momento del párkinson.

 ¿Haces ejercicio de forma regular? ¿Qué te ayuda a mantener la constancia? Te leemos en la comunidad.

 

Fuentes y más información