Hace un tiempo compartimos en la comunidad Degén la noticia del cortometraje Dopamina Zero, una obra que nos llamó especialmente la atención por su vínculo directo con el Parkinson y por la sensibilidad con la que se acercaba a una realidad que muchas personas de nuestra comunidad conocen bien.
Desde el primer momento sentimos que este proyecto tenía que formar parte de Arte con Párkinson, porque va más allá de mostrar la enfermedad: intenta entenderla desde dentro, desde lo emocional, desde aquello que no siempre se ve pero que forma parte del día a día de quienes conviven con ella.
Hoy hablamos con su director, Rodrigo Marini, para conocer cómo nació el corto, el proceso de documentación junto a pacientes y asociaciones, y qué significa llevar el Parkinson al lenguaje del cine sin caer en estereotipos.
Queremos agradecer especialmente a Rodrigo su cercanía, su generosidad y el tiempo que nos ha dedicado. Nos ha encantado la entrevista y la forma tan humana con la que comparte su experiencia creando Dopamina Zero. Proyectos así ayudan a seguir visibilizando el Parkinson desde nuevas miradas y a construir puentes entre el arte y la vida real.
Os dejamos con la entrevista.
-¿Cómo nace Dopamina Zero? ¿Hubo una experiencia personal, un encuentro o una pregunta concreta que encendiera la chispa del corto?
Aunque es una historia completamente de ficción, Dopamina Zero está inspirado en un amigo músico de mi etapa universitaria, Patricio Barandiaran, que le diagnosticaron Parkinson de inicio temprano. Su historia me cautivó, me puse a investigar y vi que a pesar de creer saber sobre la enfermedad no tenía ni idea. Es un tema que se me presentó delante y los directores tenemos que estar alerta y comprometidos con las temáticas que nos rodean. Merece la pena llevarlo al cine y poder visibilizar lo que hay debajo de la piel de una persona con Parkinson en pantalla grande.
-El título remite directamente a la dopamina, tan ligada al Parkinson. ¿Qué significado simbólico tiene para ti ese “cero”? ¿Es un punto de partida, un vacío, una denuncia…?
Claro, el Zero tiene varias simbologías. Una de ellas es el comienzo de una nueva etapa de aceptación del personaje sobre la enfermedad, empezar de cero. Otra es un guiño a las bebidas carbonatadas, 'Zero' . En el Parkinson hay ausencia de Dopamina en el cerebro, que no solo nos ayuda con la coordinación de nuestros movimientos sino que está relacionado con la ilusión y la alegría.
-En el corto se percibe una mirada muy humana y poco estereotipada de la enfermedad. ¿Qué fue lo que más te preocupaba evitar al representarla?
Bueno, mis proyectos anteriores thrillers, con tintes de cine negro. Yo sabía que quería cambiar de género pero no de estilo. Y quería contar la historia metiéndome dentro de la cabeza del protagonista, de su consciencia, y contar la etapa de negación y aceptación con un montaje fragmentado. También se aborda el punto de vista de los cuidadores, en este caso sus parejas y el portero de su edificio.
Lo cuento de una forma real, cruda, mostrando lo que hay debajo de la piel, lo que no se ve. Todos los problemas que puede tener una persona cuando su cuerpo tiembla pero sus sueños no. Estudiamos mucho la dicción y la motricidad con Ballesta, a través de pacientes con Parkinson y el propio Patricio y asociaciones. Pero también preparamos muy bien las capas emocionales, todo lo que hay en el guion pero no está escrito.
-¿Cómo fue el proceso de documentación? ¿Hablaste con personas con Parkinson, familiares o profesionales durante el desarrollo del proyecto?
Leí muchos libros que me recomendaron, vi documentales, películas y conferencias. Hablé con neuropsiquiatras y psicólogos. También con asociaciones de Parkinson de Madrid, Vigo y San Sebastián de los Reyes. Me ayudaron mucho, me abrieron sus puertas, pude ver a pacientes y hablar con ellos y sus parejas, algunos se han convertido en amigos míos, como el caso de Iñaki Noblejas (vivirconmrparkinson o Jordi Cruz). Con Patricio obviamente tuvimos grandes conversaciones, me mandaba audios con preguntas que yo le hacía, muy íntimas y personales, pero es amigo mío y me contestó todo lo que le pregunté. Se volcaron en cuerpo y alma con el proyecto.
-Desde fuera, Dopamina Zero transmite más emoción que explicación. ¿Decidiste conscientemente priorizar lo sensorial frente a lo informativo? ¿Por qué?
Totalmente, quería contar esta historia a través del amor y la música, lenguajes universales. El Parkinson es una enfermedad neurodegenerativa que no tiene cura a día de hoy, hay avances médicos dependiendo el tipo de Parkinson para mejorar la calidad de vida y controlar los síntomas. Yo no quería centrarme en los sintamos externos de los temblores, por ejemplo, quería hacer algo nuevo y profundo, centrándome en lo que no se ve, lo que se esconde debajo de la piel. No quise centrarme directamente en la parte médica, me interesaba lo emocional.
-¿Hubo alguna escena, plano o momento que te resultara especialmente difícil de rodar a nivel emocional?
Habíamos ensayado mucho, los actores llegaron al rodaje con los deberes muy bien hechos. En los cortometrajes las jornadas de rodajes son intensas, hay poco tiempo al tener que rodar en pocos días, rodamos 5 días completos. Hay carga emocional en casi todas las escenas, pero hay dos escenas que me parecen destacables. Una discusión entre los personajes de Juanjo Ballesta y Cristina Mediero en la sala de ensayo y la escena final con Ballesta y Veki Velilla. Esas dos fueron especialmente intensas a nivel emocional.
-Muchas personas con Parkinson luchan contra la invisibilidad. ¿Qué te gustaría que cambiara en la mirada social tras ver el corto?
Si bien el cortometraje tiene un final cerrado, no quise dejarlo muy masticado para que sea un final diferente para cada espectador. Me gustaría que la gente reflexione sobre los problemas que conlleva el Parkinson y que no se ven. Que el Parkinson va más allá de los temblores y la rigidez. Que la vida nos puede cambiar a cualquier de un día para otro, que hay que disfrutarla, vivirla con intensidad y luchar por nuestros sueños. Que el cerebro es sabio, y puede recrear realidades para seguir luchando por conseguir nuestras metas. Si el cine ayuda a visibilizar y profundizar un poquito sobre el Parkinson, contado a través de la vida de Ignacio, un músico que no lo acepta y es un mal paciente, y todo eso le llega al espectador y le sirve para empatizar, ya me doy por satisfecho. Me escriben muchos pacientes de Parkinson que están encantados con cómo se aborda la historia, que se sienten muy identificados, y nos dan las gracias por tratar el tema. Si a ellos les hace bien, a mí y a mi equipo también. Nos sentimos muy apoyados y queridos.
-Desde tu experiencia como creador, ¿crees que el arte y el cine pueden ser una forma de terapia o de acompañamiento, no solo para quien mira, sino también para quien crea?
Claro. Aprendí mucho sobre esta historia, me hizo mejor director y mejor persona. Cuando contamos historias con un trasfondo social profundo como en Dopamina Zero la involucración es máxima. Terminas el corto y ya no eres la misma persona. El cine, como cualquier arte, es una forma de terapia, sin duda. El cine, cómo las canciones y los libros, nos trasladan a otras épocas de nuestra vida, son un gran acompañamiento. El arte es el mejor de los compañeros para huir de la soledad.
-Si Dopamina Zero llegara a una persona recién diagnosticada, ¿qué te gustaría que sintiera al terminar de verlo?
Que con el Parkinson no se acaba tu vida, solo cambia. Que la parte emocional y la relación con las personas que quieren es muy importante para afrontarlo. Que hay avances médicos, que hay que mantener viva la ilusión de seguir corriendo. El Parkinson puede ayudarte a mejorar en muchos aspectos de la vida que quizá estaban en un segundo plano en tu lista de prioridades y que pasan a cobrar importancia.
Desde la comunidad Degén seguimos apostando por el arte como una forma de contar el Parkinson desde lugares diferentes: más humanos, más sensibles y más reales. Dopamina Zero nos recuerda que detrás de cada diagnóstico hay historias, emociones y sueños que siguen vivos.
Gracias de nuevo a Rodrigo Marini y a todo el equipo del cortometraje por contribuir a ampliar la mirada sobre el Parkinson y por ayudarnos, a través del cine, a sentirnos un poco más comprendidos y acompañados.
Seguimos creando, compartiendo y dando espacio al arte que nace también del Parkinson.