El tabaco también daña el cerebro: expertos alertan de su relación con el párkinson y el alzhéimer
01/06/2026
Durante años, gran parte de las campañas de prevención del tabaquismo han puesto el foco en los pulmones, el cáncer o las enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, cada vez existe más evidencia sobre otro impacto menos conocido pero igualmente preocupante: el daño que el tabaco puede provocar en el cerebro y su relación con enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer.
Con motivo del Día Mundial Sin Tabaco, especialistas en neurología han recordado que fumar no solo afecta al sistema respiratorio, sino que también acelera procesos relacionados con el envejecimiento cerebral, el deterioro cognitivo y determinadas patologías neurológicas.
El mito de que fumar “protege” frente al párkinson
Uno de los aspectos que más debate ha generado durante años es la aparente menor incidencia de enfermedad de Parkinson entre personas fumadoras observada en algunos estudios epidemiológicos.
Sin embargo, los expertos advierten de que esta observación no debe interpretarse como un efecto protector del tabaco. Según explica el neurólogo Gabriel Salazar, citado por Quirónsalud, una asociación estadística no implica necesariamente una relación causal. Los investigadores señalan que podrían existir múltiples factores de confusión detrás de estos resultados, como diferencias genéticas, conductuales o sesgos en los propios estudios.
Además, los pacientes con párkinson que continúan fumando presentan un mayor riesgo de desarrollar otras enfermedades graves asociadas al tabaquismo, especialmente cáncer de pulmón y patologías cardiovasculares.
Los especialistas también recuerdan que algunos efectos observados en laboratorio sobre la nicotina no son extrapolables al consumo de cigarrillos, ya que el humo del tabaco contiene miles de sustancias tóxicas, inflamatorias y carcinógenas.
Una relación mucho más clara con el alzhéimer
Si en el caso del párkinson sigue existiendo debate científico sobre determinados mecanismos biológicos, en la enfermedad de Alzheimer el consenso es mucho más firme.
Numerosos estudios han relacionado el tabaquismo con un mayor riesgo de deterioro cognitivo, demencia y alzhéimer. Entre los mecanismos implicados se encuentran la inflamación cerebral crónica, el estrés oxidativo y el daño vascular progresivo que provoca el consumo de tabaco.
El humo deteriora la circulación sanguínea cerebral, favorece la aterosclerosis y aumenta el riesgo de ictus y enfermedad de pequeño vaso cerebral, alteraciones que pueden permanecer silenciosas durante años antes de manifestarse mediante problemas de memoria o dificultades cognitivas.
Un factor de riesgo todavía infravalorado
Los especialistas consideran que gran parte de la población sigue asociando el tabaco principalmente a los pulmones, sin ser plenamente consciente de sus efectos sobre el cerebro.
En un contexto marcado por el envejecimiento de la población y el aumento de las enfermedades neurodegenerativas, abandonar el tabaco se considera también una medida de protección neurológica. El daño cerebral relacionado con el tabaquismo suele acumularse lentamente durante décadas, pudiendo influir posteriormente en la calidad de vida, la memoria y la función cognitiva.
La conclusión de los expertos es clara: no existe un consumo seguro de tabaco para el cerebro y dejar de fumar sigue siendo una de las decisiones más importantes para proteger la salud neurológica a largo plazo.