El tango como terapia: cómo el baile está mejorando la vida de personas con Parkinson en Buenos Aires
27/03/2026
En Buenos Aires, el tango ha dejado de ser únicamente un símbolo cultural para convertirse en una herramienta terapéutica con respaldo clínico en personas con Parkinson. Un programa desarrollado en el Hospital Ramos Mejía lleva más de 15 años aplicando esta disciplina como complemento al tratamiento médico, con resultados positivos tanto a nivel físico como emocional.
La iniciativa está impulsada por especialistas como la neuróloga Nélida Garretto, junto a la también neuróloga Tomoko Arakaki y otros profesionales del área de trastornos del movimiento. El proyecto surgió a partir de la observación de una paciente que utilizaba el tango como estrategia para mejorar su movilidad, lo que motivó el desarrollo de un programa estructurado.
El “estudio” o programa clínico —más que un ensayo puntual— ha evaluado durante años el impacto del tango en unos 100–200 pacientes, analizando variables como la marcha, el equilibrio, la coordinación y funciones cognitivas. Según los investigadores, los resultados muestran mejoras significativas en estas áreas, así como en el estado de ánimo y la interacción social.
Uno de los aspectos clave que explican estos beneficios es la naturaleza “multidesafío” del tango. Como señala Garretto, este baile combina estímulos motores, visuales y auditivos simultáneamente, lo que favorece la ejecución de movimientos complejos que suelen deteriorarse en el Parkinson.
Por su parte, Arakaki destaca que los pacientes presentan dificultades en los mecanismos de inicio y detención de la marcha, y que los “pasos lentos, cortos y con pausas” del tango ayudan a entrenar precisamente estas funciones.
Además, investigaciones vinculadas al programa —en las que participa la psicóloga e investigadora Débora Rabinovich— apuntan a que el tango reproduce patrones de movimiento similares a los que se pierden con la enfermedad, facilitando su reentrenamiento.
Más allá del componente físico, el impacto emocional y social es determinante. Las sesiones, realizadas en grupo y en pareja, reducen el aislamiento y mejoran la percepción corporal de los pacientes, que dejan de sentirse únicamente “enfermos” para volver a experimentarse como activos y capaces.
Este enfoque refuerza una línea cada vez más consolidada en el abordaje del Parkinson: la integración de terapias no farmacológicas basadas en el movimiento, el arte y la conexión social. El caso de Buenos Aires se posiciona así como un modelo de referencia internacional en el uso del baile como herramienta terapéutica.