La comunidad Degén nombra a dos nuevos embajadores en un encuentro lleno de emoción
27/02/2026
Ayer vivimos uno de esos encuentros que dejan huella. Una reunión entre parte del equipo de la comunidad Degén y varios miembros de nuestra comunidad que, más allá de una cita en la agenda, se convirtió en un espacio profundamente humano donde la palabra protagonista fue emoción.
Alrededor de una mesa compartimos algo mucho más valioso que opiniones: compartimos sensaciones. Cada persona puso voz a lo que significa formar parte de esta comunidad tan especial. Hubo risas sinceras, lágrimas inevitables y momentos de silencio cargados de significado. Porque cuando hablamos desde la experiencia, desde la vulnerabilidad y desde el cariño, ocurre algo extraordinario: nos reconocemos unos en otros.
Nuestros nuevos embajadores
El encuentro también fue un momento para celebrar. Durante el acto nombramos a dos nuevos embajadores de la comunidad Degén.
Por un lado, la artista Yess Andrés, que nos acompaña incondicionalmente desde hace años, apoyando a la fundación con una generosidad constante, donando sus obras y transformando cada evento benéfico en una experiencia mágica llena de sensibilidad y belleza.
Y, por otro, al deportista Alberto Estrada, que desde el primer minuto se ha implicado de forma absoluta con nuestro proyecto. Su compromiso no solo ha permitido recaudar fondos para nuestro frente común, sino también dar visibilidad a la comunidad Parkinson, llevando nuestro mensaje mucho más lejos.
Sin embargo, si algo quedó claro ayer es que lo mejor de esta comunidad no son los proyectos ni los eventos. Lo mejor sois vosotros. Nuestros usuarios —o mejor dicho, nuestros amigos— que llenáis de emoción cada paso que damos y que dais sentido real a nuestro trabajo, a nuestro tiempo y a todo el esfuerzo compartido.
Gracias a todas las personas asistentes por hacer de este encuentro algo inolvidable. Hoy amanecemos con una hermosa resaca emocional y con muchas ideas nuevas que necesitan reposar, crecer y convertirse en futuros caminos compartidos.
Porque, al final, lo tenemos claro:
qué bonita es la vida en comunidad.