Mi nombre es Montse y tengo 53 años.
Hace seis años llegó a mi vida un diagnóstico llamado Parkinson, y con él cambió por completo mi mundo, mi esencia y mi forma de vivir.
Mi vida dió un giro inesperado, de esos que nunca imaginas que te tocarán hasta que un día irrumpen sin avisar y lo transforman todo.
Cada persona que convive con el Parkinson tiene una historia diferente. No existen dos vidas iguales ni dos evoluciones idénticas. Sin embargo, todos compartimos algo: la incertidumbre de convivir con un compañero de viaje inesperado.
Un compañero que a veces te toma de la mano y te ayuda a avanzar, y otras te deja sola frente a tus propios miedos, obligándome a reinventarme una y otra vez.
La actitud es importante, sí. Pero también es cierto que hay días en los que se hace muy difícil, y . mucho. Porque esta enfermedad te arrebata pequeñas partes de ti, y duele. Duele de verdad cuando de pronto, todo se vuelve más lento… más denso.
Los gestos que antes nacían sin pensar ahora esperan una orden que en ocasiones tarda en llegar.
El cuerpo queda suspendido, como si estuviera escuchando una señal muy lejana.
Y es una sensación extraña: estar dentro de uno mismo y, al mismo tiempo, sentir que tu mundo se ha detenido.
Como si la voluntad siguiera despierta, clara, firme…
pero el cuerpo caminara por otro tiempo, un tiempo más espeso, más pesado.
Entonces aparece la espera.
La espera de que algo vuelva a encenderse.
Y cuando ese instante llega ,breve, frágil, precioso, te reconoces de nuevo.
Y de esta manera se aprende a vivir entre dos tiempos:
El de la pausa impuesta,
y el del movimiento recuperado.
Y vuelves a ser tú.
Me encanta reír y hacer payasadas, sin vergüenza de quien mira. Y ver qué a mí alrededor se contagian las ganas de pasarlo bien.
Estoy conociendo personas bonitas, de las que te hacen feliz y te sanan el corazón cuando compartes momentos, charlas y encuentros.
Me chifla bailar, aunque mi lado izquierdo haya decidido seguir una música distinta y un compás diferente.
Me apasiona soñar despierta, imaginar que estoy en otra ciudad, en otro país o incluso en otro momento de la historia.
Me encanta viajar sin importar el destino . Descubrir los encantos de cada ciudad, de cada rincón.
Me maravilla levantarme temprano y contemplar cómo nace el dia.
Me encanta conversar, escuchar y conocer personas, porque cada historia tiene algo que enseñar.
Me gusta perderme entre fotografías y escribir aquello que me representan, porque ahora, más que nunca, necesito expresar lo que siento.
Me apasiona organizar eventos, proyectos, actividades de cualquier tipo sin importar si luego se cumplen.
Y quizás el regalo más inesperado de este camino es que hoy soy más Montse que nunca.
Más auténtica.
Más libre.
Más yo.
Y estoy aprendiendo, mucho!! Muchísimo!!!
De la vida y de mí misma.
Por eso, querido señor Parkinson, solo te pido una cosa:
No me lo pongas difícil.
Porque aún me quedan muchos amaneceres por contemplar, muchas risas por compartir, muchos bailes que imaginar, muchos lugares que visitar y muchos sUeños por vivir.
Porque a pesar de los obstáculos y de todo lo que Parkinson ha puesto en mi camino, sigo aquí.
Y sé que la enfermedad forma parte de mi vida, pero no define quién soy.
No soy “la enferma de Parkinson”; soy una mujer con Parkinson, con proyectos, miedos e ilusiones como cualquier otra persona.
Por eso, confío y tengo la esperanza que quienes convivimos con esta enfermedad podamos seguir avanzando con dignidad, en un entorno en el que el diagnóstico no marque el final de nuestros sueños, sino que nos permita ver nuevas formas de seguir adelante .
Seguir adelante, SÍ, acompañada de las personas que quiero, de quienes se preocupan, me inspiran y hacen que mi vida sea más bonita y feliz.
Y, sobre todo, quiero seguir recorriendo este camino junto a mi pareja, mi marido desde hace justo un año.
La persona que, cuando llegó mi diagnóstico, no sintió el miedo que me invadió a mí. Quizá porque la vida le había regalado antes la oportunidad de convivir durante más de un mes con un amigo que también padecía Parkinson.
Aquella experiencia, le permitió conocer mejor la enfermedad, y encontrar la manera de afrontarla sin miedo.
Quiero seguir construyendo mi vida a su lado, aprendiendo a aceptar quién soy, sin intentar compararme con quien fui.
Por eso decidí soltar todo aquello que me exprimía, que me ahogaba Tuve que romper para volver a construir y dar la bienvenida a,
Mi nuevo mundo.
Mi nueva vida.
Mi nuevo yo
Porque la realidad es que la vida, aunque cambie de forma, sigue siendo vida. Y a pesar de las dificultades y de las incertidumbres que puedan aparecer en el camino, sigue siendo un regalo inmenso.
Vale la pena detenerse y mirarla de frente, sin filtros. Aceptarla. Abrazarla. Sentirla. Y exprimir cada momento bonito, cada abrazo, cada conversación, cada amanecer, cada sonrisa que nos recuerde que seguimos aquí.
Deseo no dejarme vencer nunca. No perder la sonrisa ni siquiera en los días más difíciles. Seguir siendo yo por encima de cualquier diagnóstico, de cualquier circunstancia o de cualquier obstáculo que la vida decida ponerme delante.
Porque hoy puedo decir que la felicidad, muchas veces, no está en los grandes logros ni en los grandes planes..
La felicidad es seguir aquí.
Sintiendo.
Riendo
Soñando.
Viviendo.
Y descubrir que siguen existiendo instantes maravillosos que compensan y que dan sentido a todo.
Así que seamos felices. Porque la vida es hoy. El ayer ya pasó. Y el mañana es demasiado incierto.
Y no dejemos nunca de agradecer seguir estando aquí, porque siempre hay un motivo para ser feliz ♥️




