Dos investigaciones recientes apuntan a que este sencillo fluido podría convertirse en una valiosa fuente de información sobre la enfermedad
Durante décadas, el diagnóstico de la enfermedad de Parkinson se ha basado principalmente en la evaluación clínica de los síntomas. Sin embargo, la investigación avanza hacia un nuevo modelo en el que los biomarcadores permitan detectar la enfermedad de forma más precoz, seguir su evolución e incluso valorar la respuesta a los tratamientos.
En este contexto, un fluido tan cotidiano como las lágrimas está despertando un interés creciente entre la comunidad científica. Dos investigaciones publicadas este año muestran que podrían contener información valiosa sobre lo que ocurre en el cerebro de las personas con párkinson.
Las lágrimas, una ventana al sistema nervioso
Las lágrimas son fáciles de obtener, no requieren procedimientos invasivos y pueden recogerse tantas veces como sea necesario. Estas características las convierten en una muestra muy atractiva para la investigación médica.
Aunque tradicionalmente se han utilizado para estudiar enfermedades oculares, cada vez existen más evidencias de que también contienen moléculas relacionadas con procesos que ocurren en el sistema nervioso.
Detectar la proteína característica del párkinson
Uno de los avances más relevantes ha sido la demostración de que es posible detectar en las lágrimas la actividad de agregación de la alfa-sinucleína, la proteína que desempeña un papel central en la enfermedad de Parkinson.
Un estudio publicado en npj Parkinson's Disease consiguió identificar esta actividad mediante técnicas de amplificación de proteínas, diferenciando a personas con párkinson de personas sin enfermedades por sinucleinopatías. Aunque la sensibilidad todavía debe mejorar antes de pensar en su aplicación clínica, los resultados muestran que las lágrimas podrían convertirse en una nueva fuente de biomarcadores no invasivos.
Posteriormente, otro trabajo publicado en Scientific Reports obtuvo resultados similares utilizando muestras de lágrimas de personas con párkinson y controles sanos, reforzando la idea de que este fluido puede aportar información útil para el diagnóstico biológico de la enfermedad.
Un sensor capaz de medir dopamina
La segunda línea de investigación es diferente, pero igualmente interesante.
Un equipo brasileño ha desarrollado un sensor electroquímico basado en grafeno capaz de detectar concentraciones muy bajas de dopamina en lágrimas. De momento, el dispositivo solo se ha validado en condiciones de laboratorio utilizando lágrimas artificiales, por lo que todavía no puede emplearse para diagnosticar personas. Sin embargo, demuestra que será posible crear herramientas rápidas, económicas y mínimamente invasivas para analizar biomarcadores relacionados con enfermedades neurológicas.
¿Significa esto que pronto podremos diagnosticar el párkinson con una lágrima?
Todavía no.
Los investigadores insisten en que estos trabajos representan primeros pasos dentro de una línea de investigación muy prometedora. Antes de que una prueba de este tipo llegue a la práctica clínica será necesario demostrar su fiabilidad en estudios mucho más amplios y comprobar que ofrece resultados consistentes en diferentes fases de la enfermedad.
Además, el párkinson es una enfermedad compleja y es poco probable que un único biomarcador sea suficiente para confirmar un diagnóstico. Lo más probable es que, en el futuro, los especialistas combinen información procedente de distintas fuentes —sangre, líquido cefalorraquídeo, piel, saliva o lágrimas— junto con la exploración clínica para obtener un diagnóstico mucho más preciso.
Un cambio de paradigma
Más allá de estos estudios concretos, las lágrimas representan un ejemplo del cambio que está viviendo la investigación en párkinson. El objetivo ya no es únicamente reconocer la enfermedad cuando aparecen los síntomas, sino identificar biomarcadores capaces de detectarla antes, seguir su evolución y facilitar el desarrollo de tratamientos personalizados.
Quizá dentro de unos años una simple lágrima no sirva por sí sola para diagnosticar el párkinson. Pero la ciencia ya ha demostrado que puede contener mucha más información de la que imaginábamos.
Un camino que lleva años construyéndose
Aunque las investigaciones publicadas este año han despertado un gran interés, la idea de utilizar las lágrimas como fuente de biomarcadores para el párkinson no es nueva. En los últimos años, distintos equipos científicos han ido aportando evidencias que muestran el potencial de este fluido para ayudar en el diagnóstico y seguimiento de la enfermedad:
- 2020 – El equipo liderado por Fabian Maass y Paul Lingor publicó en Scientific Reports el primer estudio que demostró que los niveles de alfa-sinucleína en las lágrimas de las personas con párkinson son diferentes a los de la población sana, abriendo una nueva línea de investigación. Artículo: Increased alpha-synuclein tear fluid levels in patients with Parkinson's disease.
- 2026 – Sebnem Canaslan y colaboradores dieron un paso más al demostrar que es posible detectar en las lágrimas la actividad de agregación de la alfa-sinucleína, un biomarcador mucho más específico de la enfermedad. Artículo: Detection of alpha-synuclein seeding activity in tear fluid in Parkinson's disease.
- 2026 – Un equipo brasileño encabezado por Luiz Gustavo R. de Oliveira y Marcos F. Bergamini desarrolló un sensor basado en grafeno capaz de detectar dopamina en lágrimas, una tecnología que podría facilitar en el futuro el seguimiento de biomarcadores mediante pruebas rápidas y mínimamente invasivas. Artículo: Tears reveal more than emotions: laser-induced graphene sensor enables dopamine detection in tear fluid.
Este recorrido refleja cómo una idea que hace apenas unos años parecía experimental está evolucionando de forma constante. Aunque todavía queda camino por recorrer antes de que estas técnicas lleguen a la práctica clínica, las lágrimas se están consolidando como una prometedora fuente de información para comprender mejor la enfermedad de Parkinson.