«Que nada ni nadie te pare»: un libro sobre vivir y convivir con el párkinson
15/09/2026
Ana Montero ha convertido en un libro los mensajes, experiencias y reflexiones que durante años ha compartido inspirándose en la vida de Alberto Estrada, diagnosticado de párkinson en 2022 y embajador de la Fundación Degén. *Que nada ni nadie te pare* habla de enfermedad, deporte, amistad, miedo y días buenos y malos, pero, sobre todo, de una manera de afrontar la vida.
Hay libros que nacen con la intención de contar una historia. Otros quieren acompañar a quien los lee.
*Que nada ni nadie te pare* nació pensando precisamente en esas personas que, en algún momento de su vida, pueden necesitar unas palabras de ánimo.
Ana Montero llevaba tiempo escribiéndolas y compartiéndolas en redes sociales. Pero un día pensó en quienes no estaban allí, en quienes también podían necesitar ese pequeño empujón y no tenían acceso a esos mensajes.
«Creo que todo el mundo, en cualquier momento de la vida, necesita unas palabras de ánimo. Y qué mejor manera de tenerlas siempre a mano que a través de un libro», explica.
Así comenzó un proyecto que tiene mucho de Ana, pero también mucho de Alberto Estrada, su marido, diagnosticado de párkinson en septiembre de 2022 y embajador de la Fundación Degén.
Una frase que terminó convirtiéndose en un libro
El título tampoco apareció por casualidad.
«Que nada ni nadie te pare» era la frase con la que Ana acostumbraba a terminar los escritos que compartían en sus redes sociales. Con el tiempo acabó convirtiéndose casi en una declaración de principios.
«Para mí significa que nada ni nadie puede limitarte a hacer lo que te gusta o lo que te hace feliz. Si es tu sueño, tu forma de vida, tu forma de vivir, ¿quién o qué puede pararte para que lo hagas? Pues nada ni nadie».
Pero para escribir el libro Ana también tuvo que mirar hacia atrás.
Y regresar a septiembre de 2022 significó encontrarse con una versión de sí misma que casi había dejado atrás.
«Volver a aquel septiembre fue encontrarme con una Ana con la que no quise encontrarme. Ana, en septiembre de 2022, estaba asustada, vulnerable… A día de hoy, la Ana actual vive con los brazos abiertos. Sigue siendo la misma persona, pero en todo este tiempo ha tenido que aprender mucho».
Contar el párkinson a través de los ojos de Alberto
En las páginas del libro no encontramos únicamente párkinson. Encontramos vida cotidiana.
«El día a día de una persona, de una vida normal. De la vida misma. Con enfermedad o no», explica Ana.
Y hay una particularidad importante: aunque es ella quien escribe, **la mirada desde la que intenta contar muchas de esas experiencias es la de Alberto**.
Él ha sido, reconoce, su principal fuente de inspiración desde el diagnóstico.
Ana escribe a partir de lo que Alberto le cuenta sobre sus experiencias en el deporte, pero también de aquello que observa cuando se cierran las puertas de casa y comienza la vida cotidiana.
Porque convivir con el párkinson significa también convivir con la incertidumbre.
«Desde que me levanto hasta que me acuesto, la enfermedad es como una montaña rusa. Nunca hay un día igual al otro, y es una realidad para muchas familias».
Precisamente por eso, algunos textos han sido especialmente difíciles.
Son aquellos en los que aparece lo que ellos llaman «nuestro amigo, el Sr. Parkinson».
Los malos días.
«Esos días en los que sientes que pierdes el control de la situación y le ves las orejas al lobo… Ahí el miedo se apodera de ti y es muy difícil no pensar en el futuro».
Escribir entonces resulta todavía más complicado cuando sabes que muchas de las personas que van a abrir el libro están buscando precisamente un mensaje positivo.
Un amanecer entre amigos
Pero hay muchos otros momentos.
Y cuando Ana y Alberto tienen que escoger uno especialmente feliz, curiosamente los dos eligen el mismo.
Un amanecer.
Alberto llevó a un amigo a correr con él a la sierra y ambos vieron salir el sol juntos.
Para Ana, el recuerdo está asociado a la cara con la que Alberto regresó a casa.
«Su cara de ilusión es algo difícil de explicar con palabras. Es uno de los textos que más me gusta y que me trae un recuerdo muy especial».
Para Alberto, ese mismo momento también ocupa un lugar privilegiado en el libro: «Compartir con un amigo ese amanecer y ver en sus ojos esa felicidad de estar allí, compartiendo un momento especial conmigo».
No es casual que ambos hayan elegido la misma historia.
La amistad ocupa un espacio importante en su manera de entender la vida. «Tenemos muy buenos amigos que son familia y que nos enseñan cada día ese valor tan maravilloso y tan importante para ser feliz», cuenta Ana.
La escritura como hogar y refugio
Para Ana, escribir tampoco comenzó con el párkinson.
La escritura la acompaña desde pequeña.
«Ha sido una forma de evadirme de la realidad, una forma de desahogarme, de encontrarme, de aceptar y de entender. Ha sido mi hogar, mi refugio y mi consuelo».
Después de varios años sin escribir, sintió la necesidad de volver.
«Necesitaba de nuevo encontrarme».
Y esa necesidad personal terminó convirtiéndose en algo que ahora puede llegar a otras personas.
Porque Ana no concibió *Que nada ni nadie te pare* como un libro que se lee, se cierra y se coloca en una estantería.
Un amigo encontró una definición que a ella le gustó especialmente: «un libro de mesa».
Un libro para tener cerca.
«Eso es lo que siempre he pretendido: que no se deje olvidado en un cajón después de leerlo. Si un día tienes un mal día, ábrelo por donde quieras. Seguro que puedes encontrar algo que te llene ese día, que te enseñe o te aporte».
Alberto, visto a través de los ojos de Ana
Para Alberto, leer su propia historia escrita por la persona que comparte con él el día a día ha supuesto también descubrir cosas sobre sí mismo.
«Me he descubierto el lado sensible de mi persona y que mi corazón tiene una frontera que no deja entrar a cualquiera».
Pero, sobre todo, el libro le ha confirmado algo acerca de Ana.
«Es una mujer especial y nunca me dejará solo en esta lucha. Ella hace que este camino lleno de obstáculos sea más fácil de recorrer».
Después del deporte, los retos y el documental *Vivir es la meta*, el libro se convierte así en otra forma de avanzar hacia un objetivo que ambos comparten: ayudar a otras personas.
Para Alberto, lo que puede transmitir a alguien que acaba de recibir un diagnóstico se resume en unas pocas palabras: «Lucha, amor por la vida, sacrificio, enseñar que la unión hace la fuerza y nunca bajar los brazos».
El párkinson también se vive al lado
Hay otra reflexión que atraviesa su historia y que Ana y Alberto quieren poner sobre la mesa: **cuando llega el párkinson, no afecta únicamente a la persona diagnosticada**.
La pareja y la familia también necesitan acompañamiento.
Consideran que existen recursos profesionales dirigidos a los pacientes, pero que quienes están a su lado tienen muchas más dificultades para encontrar ayuda, pese a soportar una parte muy importante del impacto cotidiano de la enfermedad.
Por eso destacan especialmente el papel de las asociaciones y de los grupos de apoyo para pacientes y familiares.
«Son muy beneficiosos para las familias», señala Ana.
Una realidad que conecta directamente con uno de los principios que defendemos desde la Fundación Degén: acompañar a una persona con párkinson también significa cuidar y acompañar a quienes están a su lado.



«Ya nada ni nadie nos para»
Desde aquel septiembre de 2022 han cambiado muchas cosas.
Ana y Alberto no eligieron el diagnóstico, pero sí han ido aprendiendo qué hacer con la vida que continúa después de él.
«Nos quedamos con que somos más fuertes. Le damos más importancia a los pequeños detalles de la vida. Puede parecer un tópico, pero vivimos cada momento al máximo».
Y todavía tienen proyectos.
Entre bromas hablan de una película o una serie, pero hay otro sueño que sí es muy real: **crear en el futuro una asociación en Chiclana**, su localidad, para ayudar a las personas que actualmente tienen que desplazarse a otros municipios para acceder a determinados servicios.
Quizá por eso, cuatro años después de aquel diagnóstico, la frase que da título al libro ha evolucionado.
«Hoy podríamos decir: ya nada ni nadie nos para».
Para ellos no significa negar la enfermedad, las dificultades o los días malos. Significa intentar que nadie decida por nosotros aquello que nos apasiona.
«Si corres, pintas, bailas… cada uno debe hacer lo que le apasiona. Nadie debe apagar la luz de nadie. Todos somos especiales a los ojos de otro».
Y quizá ahí se encuentre también el sentido último de este libro: tener cerca unas palabras a las que volver cuando, por el motivo que sea, nuestra propia luz necesite un pequeño empujón para volver a encenderse.
Porque, a veces, unas pocas palabras no cambian lo que nos ocurre, pero sí pueden ayudarnos a encontrar otra forma de seguir caminando.
Si quieres leer Que nada ni nadie te pare, te dejamos a continuación un enlace a una de las plataformas en las que puedes encontrar el libro.