Me encuentro en una racha de enfermedad en que me despierto con gran malestar psicológico. La enfermedad se ha convertido en una especie de aburrimiento vital diario. Te esfuerzas en levantarte y de nuevo tienes la sensación de empezar de cero. Decidir si tomar el tratamiento y esperar a ver si te hace efecto se convierte en la primera gran elección del día. Pienso en ver si puedo dormir todo lo que me falta de tantas noches seguidas de insomnio. Pero lo malo es que te duele el cuerpo entero y no coges postura en la cama sin que te aumente el dolor. O sea, en definitiva, el Parkinson decide por ti muchas de las dudas del día a día que se plantean toreando con esta enfermedad. Te levantas y al ponerte de pie hay que darle la bienvenida a la inestabilidad. Y vas como un yonqui a preparar la medicación para la infusión subcutánea de levodopa. Gracias a ella puedo llevar una vida con autonomía. Para mí fue providencial que la neuróloga me lo propusieran porque yo mejoré significativamente. Recordar esto y tener la esperanza de la llegada de mejores tratamientos me borra algo de fatalidad a mis pensamientos. Y me hace seguir tirando palante. Para seguir confiada en que en el futuro, los avances en la investigación nos proporcionen mayor bienestar. Eso es gracias a mi neuróloga la doctora Marina Mata del Hospital Infanta Sofía de San Sebastián de los Reyes por su inmejorable hacer asistencial.

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