LA ALIMENTACIÓN EN EL CONGRESO 1
Están terminando las crónicas y no he contado nada sobre la alimentación en el congreso, y algunos talleres sobre alimentación saludable, ni sobre los almuerzos que nos correspondían con el pago de 325 ó 425 dólares de inscripción, (según el momento del pago)
Durante dos horas de mañana y dos o tres horas por la tarde, había, en cada piso, dos o tres mesas con dispensadores de café, agua caliente, sobres de té, tazas, vasos, azúcar, edulcorante, a disposición de quien quisiera, sin límite.
Para el almuerzo de lunes, martes y miércoles teníamos los tickets.
Perdón. ¿Cuántos de los que están leyendo esta crónica fueron alguna vez a un congreso mundial? ¿Cómo imaginan el almuerzo en el 7º Congreso Mundial de Parkinson?
A lo largo de esta introducción, fui mostrando algunas pistas, como al pasar, preparando esta pregunta a su imaginación: ¿Cómo, qué y dónde comíamos?
Al final de la nota lo cuento, y cada uno verá cuán lejos o cerca estuvo la realidad de su imaginación.
MIS AMIGOS MEXICANOS 2
Una de las cosas que me llamó la atención fue que no vi ni un gesto, ni una palabra que denotara rencor o resentimiento de algún mexicano hacia los Estados Unidos.
Yo pensaba que ésa sería la relación, por el desprecio, las provocaciones, el muro en la frontera. Pero no.
Aparentemente, son prejuicios míos, por desconocimiento de la realidad, la cultura y la idiosincrasia de cada uno de los pueblos.
Además, muchas familias, miles, deben tener su corazón repartido, por un hijo, una hija, como Teresita e Israel, según me enteré después.
Mientras saboreaba mi bife de 14 onzas, Francisco, con su sombreo tipo texano, me preguntó por qué no vino mi esposa conmigo.
- Porque es muy caro y Estados Unidos nunca fue una opción de turismo para nosotros. Si hubiera sido en España sí hubiéramos viajado los dos.
- ¿No te gusta Estados Unidos? ¿Por qué?
Preferí ser cuidadoso.
- No sé. Seguramente por ser de un país tan chico, no me gustan las grandes potencias, por eso de las guerras, la intervención, lo del imperialismo.
- Ah, el capitalismo – dice Francisco, a quien le gusta el Pepe Mujica pero no mucho su presidenta, la Sheinbaum.
- ¿Cómo es tu señora con tu enfermedad? – pregunta Teresita, quien tiene su opinión propia del capitalismo, de Mujica y de la Sheinbaum, pero entiende que hay momentos para discutir de política, y hay momentos para confraternizar, por lo que tuvimos una charla muy rica sobre la ayuda de los familiares, que voy a tratar de resumir.
LA AYUDA Y LOS LÍMITES.
Todos los seres humanos necesitamos y brindamos ayuda en algún momento de la vida.
Somos seres sociales y nos complementamos sin problemas, sin prejuicios, hasta que nos toca un accidente o nos invade una enfermedad crónica, progresiva y neurodegenerativa y nos coloca en la categoría de persona que necesita ayuda y no puede ayudar.
Entonces suele suceder que los familiares cuidadores, muchas veces por cariño, ayudan con lo que no podemos hacer, y si no hay límites pre establecidos, también con lo que podemos hacer.
Entonces la persona que necesita ayuda se puede sentir discriminado, ninguneado, inútil, y puede terminar enojándose con quien lo ayuda, que a su vez, también tiene derecho a enojarse por entender que somos desagradecidos, desconsiderados.
¿Hasta dónde alguien necesita ayuda y desde donde es mejor el esfuerzo propio que la ayuda?
¿Cuál es el límite exacto? ¿Es bueno poner límites?
Es bueno poner límites, aunque en el caso del Parkinson, esos límites van cambiando a medida que avanza la enfermedad, y muchas veces la persona puede estar en condiciones de correr una carrera en un momento, y unos minutos después, no poder dar dos pasos seguidos.
Entonces son difíciles los límites, por lo variable de nuestro estado, y también porque eso significa que la perspectiva de la ayuda y sus límites, es la de la persona con Parkinson, cuando se debe tener claro que cuando uno de los dos tiene Parkinson, los dos la padecen.
Además, el familiar cuidador va a necesitar cada vez más, recuperar un tiempo para sí mismo, para evitar que la función de cuidar no haga olvidar la función de persona que también necesita cuidados o atención.
Hablar sobre los límites es lo ideal, pero no siempre se logra, por distintos motivos.
Entonces, conviene escribir lo que podemos y lo que no podemos hacer, y compartirlo.
MIS AMIGOS MEXICANOS 3
Salimos del restaurante, y a pocos kilómetros, hay dos locales, uno de cosas baratas, y otro de nombre más conocido: Wallmart, con un logo similar al de Tienda Inglesa. Elijo.
- Muy anticapitalista pero compras en Wallmart, me dice Francisco.
- Y bueno, todo sea por los nietos, me defiendo.
No hay cajita de música, y compro un set de maquillaje chino, como los que hay en Uruguay, un set de 20 autitos Hot Weels como hay allá, pero más barato, una cajita que no sé qué es pero es lo único que veo con el logo del mundial de fútbol (resulta ser unas tarjetas con jugadores, que casualmente traen a Cavani, Suárez y Forlán, con lo que Iñaki loco de la vida, Nicolás con sólo dos de los 20 autitos repetidos, y a Aitana le compré algo en el Free Shop)
Teresita a su vez compra regalos para mi señora, y para mis tres nietos.
- Buen Robert, (me bautizó así) esto es de tus amigos mexicanos para tu señora, que no le compraste nada - Una genia Teresita.
EL TRANSPORTE EN PHOENIX
Al contrario de lo que yo pensaba de que el transporte público en Estados Unidos es escaso porque todo el mundo tiene auto, me encontré con un sistema bastante bueno, operado por la firma Valley Metro.
Hay líneas de autobuses que cubren toda la ciudad, y dos líneas de tren ligero A y B que cubren desde y hacia el centro de la ciudad, el Dowtown , por 56 kilómetros.
Es un tren rápido, que circula por la ciudad, por la misma calle que los autos, contra la vereda, con los mismos semáforos que los demás vehículos, pero bien coordinados.
El precio es de 2 dólares por viaje, o 4 dólares por día, recargable en las paradas del tren.
Completan el sistema de transporte, los taxis Wallmo sin conductor, los taxis comunes, que no vi ninguno, y los de aplicaciones, como Uber, Lyft o Curb.
Pero la novedad más llamativa, es la bicitaxi, para cuatro pasajeros, como en Vietnam.
¿Cómo las de Vietnam, en pleno Estados Unidos? Sí. Aunque no lo crean.
A la salida del Congreso había uno. Un señor de sombrero, barba larga y canosa, de guantes entrecortados, bermuda, medias y championes, Con una toalla roja en uno de los asientos, y una mochila y unos cuantos trapos colgados en un respaldo.
Todo sucio. El hombre, su ropa.
Pensé que sería uno de los que duermen en la vereda o en un banco de la plaza.
Con el traductor le pregunté la tarifa.
- No cobro señor - Me dice.
- ¿Lo hace gratis porque el Estado le paga algún subsidio?
- No cobro porque es lo que me gusta hacer – me dice. Le pregunto si puedo sacarle una foto, la saco, y nos damos la mano.
EL ALMUERZO EN EL CONGRESO 2
En el inmenso local donde estaban todos los stands de laboratorios, comercios, Fundaciones, talleres sobre deglución, presentación de libros, y los póster, entre ellos el mío, los voluntarios cambiaban los tickets de almuerzo por una bolsita de papel con:
1 botella de agua mineral de 600 grs, un paquete de papas chips, una barra de cereales, dos galletas dulces con chispas de chocolate y el plato principal: un wraps, o enrollado de sánguche, o brunch, de carne de cerdo o vegetarianos. Y tres o cuatro servilletas .
Buen provecho.
Están terminando las crónicas y no he contado nada sobre la alimentación en el congreso, y algunos talleres sobre alimentación saludable, ni sobre los almuerzos que nos correspondían con el pago de 325 ó 425 dólares de inscripción, (según el momento del pago)
Durante dos horas de mañana y dos o tres horas por la tarde, había, en cada piso, dos o tres mesas con dispensadores de café, agua caliente, sobres de té, tazas, vasos, azúcar, edulcorante, a disposición de quien quisiera, sin límite.
Para el almuerzo de lunes, martes y miércoles teníamos los tickets.
Perdón. ¿Cuántos de los que están leyendo esta crónica fueron alguna vez a un congreso mundial? ¿Cómo imaginan el almuerzo en el 7º Congreso Mundial de Parkinson?
A lo largo de esta introducción, fui mostrando algunas pistas, como al pasar, preparando esta pregunta a su imaginación: ¿Cómo, qué y dónde comíamos?
Al final de la nota lo cuento, y cada uno verá cuán lejos o cerca estuvo la realidad de su imaginación.
MIS AMIGOS MEXICANOS 2
Una de las cosas que me llamó la atención fue que no vi ni un gesto, ni una palabra que denotara rencor o resentimiento de algún mexicano hacia los Estados Unidos.
Yo pensaba que ésa sería la relación, por el desprecio, las provocaciones, el muro en la frontera. Pero no.
Aparentemente, son prejuicios míos, por desconocimiento de la realidad, la cultura y la idiosincrasia de cada uno de los pueblos.
Además, muchas familias, miles, deben tener su corazón repartido, por un hijo, una hija, como Teresita e Israel, según me enteré después.
Mientras saboreaba mi bife de 14 onzas, Francisco, con su sombreo tipo texano, me preguntó por qué no vino mi esposa conmigo.
- Porque es muy caro y Estados Unidos nunca fue una opción de turismo para nosotros. Si hubiera sido en España sí hubiéramos viajado los dos.
- ¿No te gusta Estados Unidos? ¿Por qué?
Preferí ser cuidadoso.
- No sé. Seguramente por ser de un país tan chico, no me gustan las grandes potencias, por eso de las guerras, la intervención, lo del imperialismo.
- Ah, el capitalismo – dice Francisco, a quien le gusta el Pepe Mujica pero no mucho su presidenta, la Sheinbaum.
- ¿Cómo es tu señora con tu enfermedad? – pregunta Teresita, quien tiene su opinión propia del capitalismo, de Mujica y de la Sheinbaum, pero entiende que hay momentos para discutir de política, y hay momentos para confraternizar, por lo que tuvimos una charla muy rica sobre la ayuda de los familiares, que voy a tratar de resumir.
LA AYUDA Y LOS LÍMITES.
Todos los seres humanos necesitamos y brindamos ayuda en algún momento de la vida.
Somos seres sociales y nos complementamos sin problemas, sin prejuicios, hasta que nos toca un accidente o nos invade una enfermedad crónica, progresiva y neurodegenerativa y nos coloca en la categoría de persona que necesita ayuda y no puede ayudar.
Entonces suele suceder que los familiares cuidadores, muchas veces por cariño, ayudan con lo que no podemos hacer, y si no hay límites pre establecidos, también con lo que podemos hacer.
Entonces la persona que necesita ayuda se puede sentir discriminado, ninguneado, inútil, y puede terminar enojándose con quien lo ayuda, que a su vez, también tiene derecho a enojarse por entender que somos desagradecidos, desconsiderados.
¿Hasta dónde alguien necesita ayuda y desde donde es mejor el esfuerzo propio que la ayuda?
¿Cuál es el límite exacto? ¿Es bueno poner límites?
Es bueno poner límites, aunque en el caso del Parkinson, esos límites van cambiando a medida que avanza la enfermedad, y muchas veces la persona puede estar en condiciones de correr una carrera en un momento, y unos minutos después, no poder dar dos pasos seguidos.
Entonces son difíciles los límites, por lo variable de nuestro estado, y también porque eso significa que la perspectiva de la ayuda y sus límites, es la de la persona con Parkinson, cuando se debe tener claro que cuando uno de los dos tiene Parkinson, los dos la padecen.
Además, el familiar cuidador va a necesitar cada vez más, recuperar un tiempo para sí mismo, para evitar que la función de cuidar no haga olvidar la función de persona que también necesita cuidados o atención.
Hablar sobre los límites es lo ideal, pero no siempre se logra, por distintos motivos.
Entonces, conviene escribir lo que podemos y lo que no podemos hacer, y compartirlo.
MIS AMIGOS MEXICANOS 3
Salimos del restaurante, y a pocos kilómetros, hay dos locales, uno de cosas baratas, y otro de nombre más conocido: Wallmart, con un logo similar al de Tienda Inglesa. Elijo.
- Muy anticapitalista pero compras en Wallmart, me dice Francisco.
- Y bueno, todo sea por los nietos, me defiendo.
No hay cajita de música, y compro un set de maquillaje chino, como los que hay en Uruguay, un set de 20 autitos Hot Weels como hay allá, pero más barato, una cajita que no sé qué es pero es lo único que veo con el logo del mundial de fútbol (resulta ser unas tarjetas con jugadores, que casualmente traen a Cavani, Suárez y Forlán, con lo que Iñaki loco de la vida, Nicolás con sólo dos de los 20 autitos repetidos, y a Aitana le compré algo en el Free Shop)
Teresita a su vez compra regalos para mi señora, y para mis tres nietos.
- Buen Robert, (me bautizó así) esto es de tus amigos mexicanos para tu señora, que no le compraste nada - Una genia Teresita.
EL TRANSPORTE EN PHOENIX
Al contrario de lo que yo pensaba de que el transporte público en Estados Unidos es escaso porque todo el mundo tiene auto, me encontré con un sistema bastante bueno, operado por la firma Valley Metro.
Hay líneas de autobuses que cubren toda la ciudad, y dos líneas de tren ligero A y B que cubren desde y hacia el centro de la ciudad, el Dowtown , por 56 kilómetros.
Es un tren rápido, que circula por la ciudad, por la misma calle que los autos, contra la vereda, con los mismos semáforos que los demás vehículos, pero bien coordinados.
El precio es de 2 dólares por viaje, o 4 dólares por día, recargable en las paradas del tren.
Completan el sistema de transporte, los taxis Wallmo sin conductor, los taxis comunes, que no vi ninguno, y los de aplicaciones, como Uber, Lyft o Curb.
Pero la novedad más llamativa, es la bicitaxi, para cuatro pasajeros, como en Vietnam.
¿Cómo las de Vietnam, en pleno Estados Unidos? Sí. Aunque no lo crean.
A la salida del Congreso había uno. Un señor de sombrero, barba larga y canosa, de guantes entrecortados, bermuda, medias y championes, Con una toalla roja en uno de los asientos, y una mochila y unos cuantos trapos colgados en un respaldo.
Todo sucio. El hombre, su ropa.
Pensé que sería uno de los que duermen en la vereda o en un banco de la plaza.
Con el traductor le pregunté la tarifa.
- No cobro señor - Me dice.
- ¿Lo hace gratis porque el Estado le paga algún subsidio?
- No cobro porque es lo que me gusta hacer – me dice. Le pregunto si puedo sacarle una foto, la saco, y nos damos la mano.
EL ALMUERZO EN EL CONGRESO 2
En el inmenso local donde estaban todos los stands de laboratorios, comercios, Fundaciones, talleres sobre deglución, presentación de libros, y los póster, entre ellos el mío, los voluntarios cambiaban los tickets de almuerzo por una bolsita de papel con:
1 botella de agua mineral de 600 grs, un paquete de papas chips, una barra de cereales, dos galletas dulces con chispas de chocolate y el plato principal: un wraps, o enrollado de sánguche, o brunch, de carne de cerdo o vegetarianos. Y tres o cuatro servilletas .
Buen provecho.
Comentarios (4)
Cargando mensajes...