El efecto placebo es esa mejoría que experimentan los pacientes en su salud tras recibir un tratamiento inocuo; una respuesta psicológica motivada por la creencia y sugestión de que está recibiendo una terapia efectiva. La enfermedad de Parkinson es el prototipo donde esta respuesta se ve con especial frecuencia,
Fue en 2001 cuando el neurólogo madrileño Raúl de la Fuente Fernández objetivó las bases neuroquímicas de esta respuesta, que hasta entonces (y mucha gente aún considera) se creía debido a un mecanismo psicológico exclusivamente. Gracias a él se conoce que la respuesta a un fármaco se debe a la suma de del efecto del componente activo más la del efecto placebo, con lo cual nos beneficia. Y es que se produce una liberación de dopamina que además activa los circuitos de recompensa y que concluyen con una mejoría no desdeñable de los síntomas motores. Es decir, el efecto placebo es real.
Es muy interesante como se estudia la aplicación de este efecto tanto en enfermos como en gente sana por investigadores como Fabrizio Benedetti. Una de sus líneas de investigación es usar esta respuesta como sustituto del doping en los deportistas. Lo hace inyectando en varias ocasiones morfina antes de las competiciones. Para reducir el dolor y aumentar el rendimiento. El atleta hace un condicionamiento a este fármaco. En el gran día, se le inyecta sin embargo una sustancia inocua, intentando repetir el mismo ambiente incluso la misma jeringuilla. Igualmente se va a producir la liberación de endorfinas endógenas que disminuirán el dolor pero como una reacción pavloviana, sin que se detecte ninguna sustancia dopante en sangre.
Hay que recalcar que la respuesta placebo no tiene un efecto clínico potente, sin remisiones ni curaciones de la enfermedad. Este investigador nos cuenta que el placebo tiene como característica el ser un fenómeno social y que está relacionado directamente con la buena relación médico-paciente o enfermería paciente, etc, Es decir, no se lo puede producir uno a sí mismo. Y que es tan antiguo desde que los primates adquirieron comportamientos prosociales y altruistas donde un primate herido es ayudado por un compañero de su mismo grupo social.
¿No es paradójico que el efecto placebo produzca la liberación de dopamina en zonas nigroestriatales del cerebro, justo las zonas más dañadas en el párkinson? Efectivamente el efecto placebo usa las mismas vías de señalización que los fármacos que forman parte de nuestro arsenal terapeútico.
Hay una publicación muy curiosa sobre el placebo y os dejo el enlace: C. Guijarro. Historia del placebo. Neurosciences and History 2015; 3(2): 68-80
Fue en 2001 cuando el neurólogo madrileño Raúl de la Fuente Fernández objetivó las bases neuroquímicas de esta respuesta, que hasta entonces (y mucha gente aún considera) se creía debido a un mecanismo psicológico exclusivamente. Gracias a él se conoce que la respuesta a un fármaco se debe a la suma de del efecto del componente activo más la del efecto placebo, con lo cual nos beneficia. Y es que se produce una liberación de dopamina que además activa los circuitos de recompensa y que concluyen con una mejoría no desdeñable de los síntomas motores. Es decir, el efecto placebo es real.
Es muy interesante como se estudia la aplicación de este efecto tanto en enfermos como en gente sana por investigadores como Fabrizio Benedetti. Una de sus líneas de investigación es usar esta respuesta como sustituto del doping en los deportistas. Lo hace inyectando en varias ocasiones morfina antes de las competiciones. Para reducir el dolor y aumentar el rendimiento. El atleta hace un condicionamiento a este fármaco. En el gran día, se le inyecta sin embargo una sustancia inocua, intentando repetir el mismo ambiente incluso la misma jeringuilla. Igualmente se va a producir la liberación de endorfinas endógenas que disminuirán el dolor pero como una reacción pavloviana, sin que se detecte ninguna sustancia dopante en sangre.
Hay que recalcar que la respuesta placebo no tiene un efecto clínico potente, sin remisiones ni curaciones de la enfermedad. Este investigador nos cuenta que el placebo tiene como característica el ser un fenómeno social y que está relacionado directamente con la buena relación médico-paciente o enfermería paciente, etc, Es decir, no se lo puede producir uno a sí mismo. Y que es tan antiguo desde que los primates adquirieron comportamientos prosociales y altruistas donde un primate herido es ayudado por un compañero de su mismo grupo social.
¿No es paradójico que el efecto placebo produzca la liberación de dopamina en zonas nigroestriatales del cerebro, justo las zonas más dañadas en el párkinson? Efectivamente el efecto placebo usa las mismas vías de señalización que los fármacos que forman parte de nuestro arsenal terapeútico.
Hay una publicación muy curiosa sobre el placebo y os dejo el enlace: C. Guijarro. Historia del placebo. Neurosciences and History 2015; 3(2): 68-80
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