Carmen Breijo García
"Después de las fiestas: cuidarnos con amabilidad cuando el cuerpo y la mente lo piden"
Volver a blogs
Las semanas navideñas suelen dejar huella. Días después de que las celebraciones hayan pasado, muchas personas notan que el cuerpo y el ánimo tardan un poco más en recuperar su equilibrio habitual. Los cambios en las rutinas, el mayor esfuerzo social, el descanso irregular o el aumento de las demandas emocionales pueden tener efectos que no desaparecen de inmediato.
Desde la psicología de la salud sabemos que estos periodos “intensos” no solo influyen mientras ocurren, sino también en las semanas posteriores. Por eso es importante hablar de este después: el autocuidado no empieza ni termina con las fechas señaladas, sino que continúa cuando el cuerpo y la mente necesitan reajustarse.
Cuando el cuerpo necesita volver a su ritmo.
Tras un periodo de mayor actividad, es habitual notar más fatiga, rigidez, lentitud o una sensación general de menor energía, incluso cuando las fiestas se han vivido de forma moderada. Este fenómeno ha sido ampliamente descrito en estudios sobre enfermedades crónicas y se relaciona con la acumulación de esfuerzo físico, cognitivo y emocional.
El organismo necesita tiempo para volver a sus ritmos habituales, y forzar una recuperación inmediata suele generar más frustración y malestar. Desde un enfoque psicológico, respetar este proceso no es resignarse, sino favorecer una mejor adaptación a medio y largo plazo.
En este momento puede ser útil detenerse un poco y priorizar el autocuidado. Algunas recomendaciones sencillas son:
-Retomar progresivamente horarios estables de sueño, comidas y medicación, sin exigirse hacerlo todo “perfecto” desde el primer día.
-Escuchar las señales del cuerpo sin interpretarlas automáticamente como un retroceso o un empeoramiento.
-Priorizar actividades de bajo esfuerzo durante unos días, alternando actividad y descanso.
Como herramienta práctica, puede ayudarte preguntarte cada mañana: “¿qué es lo esencial hoy?” e intentar ajustar el día a esa respuesta, en lugar de intentar cumplir con todo lo pendiente.
La recuperación también forma parte del proceso de adaptación, y no es tiempo perdido.
El impacto emocional después de las fiestas.
A nivel psicológico, el periodo posterior a la Navidad puede venir acompañado de una sensación de vacío, tristeza leve o bajada de ánimo. Esto no siempre tiene una causa concreta ni implica necesariamente un trastorno depresivo. A menudo es la consecuencia de haber sostenido durante semanas un mayor nivel de activación emocional y social.
La investigación en psicología muestra que, tras periodos de alta demanda, el sistema emocional necesita un tiempo de “descompresión”. Cuando este ajuste no se reconoce, pueden aparecer pensamientos automáticos como:
“me ha costado más de lo que pensaba” o “ya no puedo como antes”.
Es importante recordar que estas conclusiones suelen surgir desde el cansancio y no reflejan necesariamente la realidad global de la persona. Dedicar un momento a identificar estos pensamientos y reformularlos de manera más ajustada —por ejemplo, “ha sido un periodo exigente y ahora necesito recuperar fuerzas”— ayuda a reducir la autocrítica y a recuperar sensación de control.
Numerosos estudios indican que practicar una mirada más compasiva hacia uno mismo se asocia con menor malestar emocional y mayor bienestar psicológico, especialmente en contextos de enfermedad crónica.
Lo que también queda en positivo.
Más allá del cansancio, muchas personas identifican, al mirar atrás, experiencias valiosas: momentos de conexión, apoyo recibido, límites respetados o la capacidad de expresar necesidades con mayor claridad que en otras ocasiones.
Desde la psicología positiva y la psicología de la salud se ha observado que reconocer estos pequeños logros refuerza la percepción de autoeficacia y favorece una adaptación más saludable a largo plazo. Adaptarse no significa hacerlo todo, sino hacer lo posible sin dañarse.
Dedicar unos minutos a identificar una sola cosa que haya funcionado durante las fiestas puede ayudar a consolidar recursos personales para futuras situaciones exigentes.
Volver al ritmo con amabilidad.
No es necesario “compensar” lo vivido ni exigirse recuperar rápidamente el nivel previo. Volver al día a día puede hacerse de forma gradual, ajustando expectativas y permitiendo espacios de descanso físico y emocional.
La evidencia psicológica indica que las personas que se permiten esta transición progresiva presentan menos síntomas de ansiedad y un mejor ajuste emocional que aquellas que se exigen una recuperación inmediata.
Si tras las fiestas persisten el bajo estado de ánimo, la ansiedad o una sensación de desbordamiento que interfiere en la vida diaria, pedir apoyo profesional es una decisión responsable y coherente con el autocuidado, no una señal de debilidad. Y recuerda que los grupos de apoyo de la Comunidad son también un espacio de sostén donde poner palabras a lo vivido y sentirse acompañado.
American Psychological Association. (2023). Stress effects on the body. https://www.apa.org
Compas, B. E., Jaser, S. S., Bettis, A. H., Watson, K. H., Gruhn, M. A., Dunbar, J. P., Williams, E., & Thigpen, J. C. (2017). Coping, emotion regulation, and psychopathology in childhood and adolescence: A meta-analysis and narrative review. Psychological Bulletin, 143(9), 939–991. https://doi.org/10.1037/bul0000110
Neff, K. D., & Germer, C. K. (2018). The mindful self-compassion program. Journal of Clinical Psychology, 74(1), 1–17. https://doi.org/10.1002/jclp.22598
Sturgeon, J. A., & Zautra, A. J. (2016). Social pain and physical pain: Shared paths to resilience. Pain Management, 6(1), 63–74. https://doi.org/10.2217/pmt.15.56
Taylor, S. E. (2011). Social support: A review. In H. S. Friedman (Ed.), The Oxford handbook of health psychology (pp. 189–214). Oxford University Press.
Desde la psicología de la salud sabemos que estos periodos “intensos” no solo influyen mientras ocurren, sino también en las semanas posteriores. Por eso es importante hablar de este después: el autocuidado no empieza ni termina con las fechas señaladas, sino que continúa cuando el cuerpo y la mente necesitan reajustarse.
Cuando el cuerpo necesita volver a su ritmo.
Tras un periodo de mayor actividad, es habitual notar más fatiga, rigidez, lentitud o una sensación general de menor energía, incluso cuando las fiestas se han vivido de forma moderada. Este fenómeno ha sido ampliamente descrito en estudios sobre enfermedades crónicas y se relaciona con la acumulación de esfuerzo físico, cognitivo y emocional.
El organismo necesita tiempo para volver a sus ritmos habituales, y forzar una recuperación inmediata suele generar más frustración y malestar. Desde un enfoque psicológico, respetar este proceso no es resignarse, sino favorecer una mejor adaptación a medio y largo plazo.
En este momento puede ser útil detenerse un poco y priorizar el autocuidado. Algunas recomendaciones sencillas son:
-Retomar progresivamente horarios estables de sueño, comidas y medicación, sin exigirse hacerlo todo “perfecto” desde el primer día.
-Escuchar las señales del cuerpo sin interpretarlas automáticamente como un retroceso o un empeoramiento.
-Priorizar actividades de bajo esfuerzo durante unos días, alternando actividad y descanso.
Como herramienta práctica, puede ayudarte preguntarte cada mañana: “¿qué es lo esencial hoy?” e intentar ajustar el día a esa respuesta, en lugar de intentar cumplir con todo lo pendiente.
La recuperación también forma parte del proceso de adaptación, y no es tiempo perdido.
El impacto emocional después de las fiestas.
A nivel psicológico, el periodo posterior a la Navidad puede venir acompañado de una sensación de vacío, tristeza leve o bajada de ánimo. Esto no siempre tiene una causa concreta ni implica necesariamente un trastorno depresivo. A menudo es la consecuencia de haber sostenido durante semanas un mayor nivel de activación emocional y social.
La investigación en psicología muestra que, tras periodos de alta demanda, el sistema emocional necesita un tiempo de “descompresión”. Cuando este ajuste no se reconoce, pueden aparecer pensamientos automáticos como:
“me ha costado más de lo que pensaba” o “ya no puedo como antes”.
Es importante recordar que estas conclusiones suelen surgir desde el cansancio y no reflejan necesariamente la realidad global de la persona. Dedicar un momento a identificar estos pensamientos y reformularlos de manera más ajustada —por ejemplo, “ha sido un periodo exigente y ahora necesito recuperar fuerzas”— ayuda a reducir la autocrítica y a recuperar sensación de control.
Numerosos estudios indican que practicar una mirada más compasiva hacia uno mismo se asocia con menor malestar emocional y mayor bienestar psicológico, especialmente en contextos de enfermedad crónica.
Lo que también queda en positivo.
Más allá del cansancio, muchas personas identifican, al mirar atrás, experiencias valiosas: momentos de conexión, apoyo recibido, límites respetados o la capacidad de expresar necesidades con mayor claridad que en otras ocasiones.
Desde la psicología positiva y la psicología de la salud se ha observado que reconocer estos pequeños logros refuerza la percepción de autoeficacia y favorece una adaptación más saludable a largo plazo. Adaptarse no significa hacerlo todo, sino hacer lo posible sin dañarse.
Dedicar unos minutos a identificar una sola cosa que haya funcionado durante las fiestas puede ayudar a consolidar recursos personales para futuras situaciones exigentes.
Volver al ritmo con amabilidad.
No es necesario “compensar” lo vivido ni exigirse recuperar rápidamente el nivel previo. Volver al día a día puede hacerse de forma gradual, ajustando expectativas y permitiendo espacios de descanso físico y emocional.
La evidencia psicológica indica que las personas que se permiten esta transición progresiva presentan menos síntomas de ansiedad y un mejor ajuste emocional que aquellas que se exigen una recuperación inmediata.
Si tras las fiestas persisten el bajo estado de ánimo, la ansiedad o una sensación de desbordamiento que interfiere en la vida diaria, pedir apoyo profesional es una decisión responsable y coherente con el autocuidado, no una señal de debilidad. Y recuerda que los grupos de apoyo de la Comunidad son también un espacio de sostén donde poner palabras a lo vivido y sentirse acompañado.
American Psychological Association. (2023). Stress effects on the body. https://www.apa.org
Compas, B. E., Jaser, S. S., Bettis, A. H., Watson, K. H., Gruhn, M. A., Dunbar, J. P., Williams, E., & Thigpen, J. C. (2017). Coping, emotion regulation, and psychopathology in childhood and adolescence: A meta-analysis and narrative review. Psychological Bulletin, 143(9), 939–991. https://doi.org/10.1037/bul0000110
Neff, K. D., & Germer, C. K. (2018). The mindful self-compassion program. Journal of Clinical Psychology, 74(1), 1–17. https://doi.org/10.1002/jclp.22598
Sturgeon, J. A., & Zautra, A. J. (2016). Social pain and physical pain: Shared paths to resilience. Pain Management, 6(1), 63–74. https://doi.org/10.2217/pmt.15.56
Taylor, S. E. (2011). Social support: A review. In H. S. Friedman (Ed.), The Oxford handbook of health psychology (pp. 189–214). Oxford University Press.
Comentarios (4)
Cargando mensajes...