Día Mundial del Párkinson 2025: el desafío crece. Claves médicas para afrontar el futuro de la enfermedad
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Cada 11 de abril se conmemora el Día Mundial del Párkinson, una fecha para dar visibilidad a quienes conviven con esta enfermedad neurodegenerativa, sensibilizar a la sociedad y recordar la importancia de la investigación y el apoyo a pacientes y cuidadores. La efeméride coincide con el nacimiento de James Parkinson, médico británico que describió por primera vez esta enfermedad en 1817.
Más de dos siglos después, el párkinson se ha convertido en la enfermedad neurológica con mayor crecimiento en prevalencia y discapacidad, según el Global Burden of Disease Study. Su avance es tan significativo que la Organización Mundial de la Salud prevé que las enfermedades neurodegenerativas, como el párkinson y el alzhéimer, serán la segunda causa de muerte a nivel global para 2040, superando incluso al cáncer.
Un nuevo estudio publicado en marzo de 2025 por la revista médica The BMJ advierte que, si no se actúa, el número de personas con párkinson en el mundo podría más que duplicarse en las próximas décadas: de los 11,8 millones de casos estimados en 2021 se pasaría a 25,2 millones en 2050, lo que representa un aumento del 112%. Este crecimiento, impulsado principalmente por el envejecimiento de la población, plantea un enorme reto para los sistemas sanitarios y las familias de todo el mundo.
Más allá del dato: ¿qué significa este aumento?
El alarmante crecimiento en el número de personas con párkinson no es casual ni uniforme. Según el estudio publicado en The BMJ, el incremento proyectado de casos a 2050 se debe principalmente a tres factores interrelacionados:
1. Envejecimiento de la población
El párkinson es una enfermedad asociada a la edad. Cuanto más envejece la población, más casos se registran. En el informe se estima que el 89% del aumento total de casos hasta 2050 se explica por el envejecimiento poblacional, lo que convierte a este factor en el principal impulsor del crecimiento. Las personas mayores de 80 años serán el grupo que más crecerá en número de diagnósticos.
2. Crecimiento demográfico
A medida que la población mundial continúa aumentando, el número de personas en riesgo de desarrollar párkinson también lo hace. Este crecimiento del número total de habitantes será responsable de aproximadamente un 20% del aumento de casos.
3. Cambios en la prevalencia
Aunque en menor medida (3%), también influye la variación en la prevalencia de la enfermedad, es decir, el número de personas que la padecen en relación con la población total. Estos cambios pueden deberse a factores como la mejora en los diagnósticos, el estilo de vida, la exposición ambiental o el acceso a atención sanitaria.
¿Dónde y en quién crecerá más?
El aumento de la prevalencia del párkinson no será homogéneo. Las proyecciones apuntan a que el crecimiento será especialmente pronunciado en tres segmentos:
• Personas mayores de 80 años, debido a su mayor vulnerabilidad y al envejecimiento global.
• Hombres, que ya hoy presentan una mayor tasa de prevalencia respecto a las mujeres (una proporción que se espera que pase de 1,46 a 1,64 hombres por cada mujer afectada).
• Países de nivel sociodemográfico medio, donde el desarrollo económico y social está avanzando rápidamente, pero donde los sistemas sanitarios pueden no estar aún preparados para afrontar una carga de enfermedad creciente y compleja.
Este escenario exige no solo acciones urgentes por parte de los gobiernos y los sistemas de salud, sino también una mirada a largo plazo: la del cuidado, la investigación y la planificación sanitaria centrada en las personas.
Perspectiva médica: cómo prepararnos para el párkinson del futuro
Las cifras hablan claro: el párkinson está creciendo y lo seguirá haciendo en las próximas décadas. Pero ¿cómo se traduce esto en el día a día de la atención sanitaria? ¿Estamos preparados para lo que viene?
El neurólogo Diego Santos, experto en trastornos del movimiento y Presidente de la Fundación Degén, lo expresa con claridad:
“El impacto será enorme a todos los niveles: atención médica, costes económicos directos e indirectos, impacto en la sociedad… Se necesitarán muchos especialistas, no solo neurólogos, sino también otros profesionales sanitarios, y será clave facilitar el acceso a terapias complementarias y apoyos sociosanitarios. Sin duda, será un gran reto y debemos ir preparándonos”.
Entre los principales desafíos a los que se enfrenta el sistema sanitario en los próximos 25 años, Diego destaca la necesidad de avanzar hacia una medicina más personalizada, predictiva y preventiva, donde el diagnóstico sea más certero y precoz: “Normalizaremos el uso de múltiples pruebas —genéticas, proteómicas, neuroimagen…— que ayuden al especialista a tomar las mejores decisiones. También será clave estimar el riesgo de desarrollar la enfermedad en personas sin síntomas y disponer de terapias que realmente ralenticen su progresión”.
En este contexto, tecnologías emergentes como la inteligencia artificial (IA) y la analítica avanzada podrían tener un papel determinante: “La IA puede aplicarse a la prevención, diagnóstico precoz, monitorización o incluso a la elección de terapias. Ya existen estudios que muestran cómo detectar cambios en la voz, el sueño o el patrón de escritura podría ayudar a identificar la enfermedad en fases muy iniciales”.
Sin embargo, Diego advierte que, a pesar del potencial tecnológico, el factor humano sigue siendo insustituible: “La relación médico-paciente, la empatía, la inteligencia emocional… son aspectos fundamentales que debemos seguir cuidando. La tecnología es una herramienta, no un sustituto del trato personal”.
El abordaje del párkinson también exige un enfoque integral y multidisciplinar, algo que todavía no está implantado de forma generalizada en los centros hospitalarios:
“Falta mucho para aplicar una atención multidisciplinar real, como ya ocurre en las Unidades de ELA. Es urgente desarrollar equipos que trabajen de forma coordinada y que tomen decisiones conjuntas, sobre todo en los casos más avanzados o complejos”. Además, herramientas como la telemedicina pueden marcar la diferencia para pacientes que viven en zonas rurales o con difícil acceso a terapias: “Durante la pandemia comprobamos que la atención online es útil. Desde la Fundación Degén vamos a lanzar un proyecto de atención integral online que incluye logopedia, fisioterapia, nutrición, estimulación cognitiva o apoyo psicológico, precisamente para llegar a quienes lo tienen más difícil”.
En un escenario donde los casos seguirán creciendo, también será clave seguir apostando por la educación y la sensibilización social. Las campañas de divulgación son esenciales. “Tal vez haría falta que quienes no tienen relación directa con esta enfermedad pudieran conocer de cerca lo que supone. El voluntariado, el contacto directo… pueden cambiar la mirada. Desde Comunidad Degen trabajamos para ofrecer información, recursos y apoyo a quienes conviven con el párkinson”.
El futuro no se afronta en 2050, sino en 2025
Las proyecciones para 2050 son un aviso, pero la respuesta debe empezar hoy.
El diagnóstico temprano, la atención integral y la prevención no pueden esperar a que los casos se multipliquen. Cada decisión que se toma en 2025 —desde la inversión en investigación hasta el refuerzo de los servicios sociosanitarios— marcará la diferencia para millones de personas en el futuro.
El pasado mes en el que celebramos el Día Mundial del Párkinson 2025 no es solo una jornada de concienciación. Es una oportunidad para actuar, para comprometernos como sociedad, para escuchar a quienes conviven con la enfermedad y para apoyar a quienes trabajan incansablemente por cambiar su realidad.
Apoya a las organizaciones que acompañan a pacientes y cuidadores. Informa, investiga, involúcrate. Porque el futuro empieza ahora.
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