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Paqui Ruiz González

El día que mis acuarelas cobraron vida.

El pasado 19 de febrero comencé a tomar un nuevo medicamento para el párkinson. Al despertar al día siguiente, sentí una energía que no había sentido en años. Me levanté de la cama con facilidad y me sentí muy activa. Pero al mismo tiempo, una voz dentro de mí me decía que algo no estaba bien. Me sentí demasiado bien, como si no tuviera esta enfermedad. Mi instinto no se equivocaba, esa sensación duró poco.

Ese mismo día, en la consulta con mi neuróloga, le dije que me sentía como Superman. Pero apenas una semana después, esa energía se convirtió en un sufrimiento insoportable. Empecé a sentir dolores musculares, dolores en los huesos, dolores de cabeza y dolores de estómago que me hacían sentir muy mal. También tenía discinesias y distonías dolorosas, y no podía respirar bien. Perdí 7 kilos en dos meses. Fue una experiencia muy dura y pensé que me iba a morir. Llegué a decir que prefería dar a luz mil veces que seguir pasando por eso.

Hoy, tres días después de dejar de tomar ese medicamento, gracias a la ayuda de personas que me apoyan, mi cuerpo se siente mucho mejor. El dolor ha terminado y puedo sentarme a mirar mis cuadros, que son acuarelas de flores que pinté yo misma. Ya no se mueven suavemente, ya no intentan abrir sus capullos ante mis ojos. Me sentí aliviada y pensé que mucha gente pagaría por ver algo así.

Esta experiencia me ha enseñado algo importante que quiero compartir con todos. Nosotros, los que vivimos con el párkinson, conocemos nuestra enfermedad mejor que nuestros médicos. Convivimos con ella todo el tiempo, 24 horas al día, 7 días a la semana, 12 meses al año. Los médicos conocen la enfermedad de manera teórica y física, pero no pueden entender lo que sentimos en nuestro cuerpo y en nuestra mente.

Siempre he escuchado a mi cuerpo, pero esta vez cometí el error de no hacer caso a mis instintos. Mi consejo es que siempre debes escuchar a tu cuerpo. Es tu guía. Si una pastilla te hace sentir de manera extraña, o si te duele el cuerpo, no te calles. Habla con tu médico o busca ayuda de alguien que te escuche y te dé buenos consejos

Mi casa se llenó de visiones y alucinaciones que me hacían querer correr y esconderme. Pero hoy quiero darle las gracias a mi cerebro por avisarme de lo que era real y lo que no. Pude separar la realidad de la visión que el medicamento me producía, y aguanté el dolor. Hoy me siento mucho mejor y no tan vulnerable.

Gracias a las personas que me apoyaron en todo momento, mi familia y mis amigas. El párkinson tiene sus trucos y trampas, pero nosotros tenemos la última palabra.

¡Vamos a seguir luchando juntos, comunidad!

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