Aunque mucha gente conocerá esta historia no me resisto a recordarla. Se trata de la curación de una monja francesa afectada por esta enfermedad y gracias a la intercesión de Juan Pablo II.
Marie-Simon Pierre perteneciente a una congregación en Aix-en-Provence trabajaba en la maternidad de un hospital cuando en 2001 se le diagnosticó de Parkinson juvenil a los 40 años con síntomas en la parte izquierda de su cuerpo; rigidez, dolor, temblor y dificultad para caminar. La enfermedad progresivamente hizo que tuviera que dejar de trabajar. Al cabo de los 4 años sus síntomas estaban mucho peor. Era una ferviente seguidora del papa Juan Pablo II al que le rezaba fervorosamente sobre todo desde que falleció en 2005, Dos meses después de su fallecimiento, en junio, una mañana se levantó asintomática. Dejó la medicación y siguió asintomática. Toda esta curación se la atribuyó ella misma al Papa recién fallecido.
Es por ello por lo que se dice que Juan Pablo II sufrió una beatificación exprés, pues se necesitaban dos milagros (el otro fue la curación espontánea de un aneurisma roto) como condición para que esto sucediera. Cuando el Papa fue enterrado todo el que estaba allí empezó a gritar ¡Santo! ¡Santo! Para Benedicto XVI todo esto bastaba y sobraba para beatificarlo. Luego se santificó batiendo récords de nuevo a los 15 años de su muerte
Para que un milagro se considere como tal el Vaticano ha de reunir a una comisión de expertos que no tardaron en concluir que científicamente no se podía explicar esa curación salvo que fuera un milagro, a pesar de que alguno opinaba “que las curaciones podían ser posibles en el párkinson”
Todos estos procesos se mueven dentro de un gran secretismo siendo imposible hacer una investigación objetiva y externa a la Santa Sede.
Los tímidos intentos sugiriendo que tal vez el diagnóstico no fuera correcto fueron inmediatamente silenciados. Incluso en el seno de esa comisión parece ser que había 3 expertos que manifestaron sus dudas con respecto a este diagnóstico.
La monja se reincorporó a su trabajo, aunque tres años después en un diario polaco del que se hizo eco the Guardian, se publicó que Marie-Simon había recaído en los síntomas. Por supuesto esto fue negado reiteradamente por la Iglesia y según ellos, se creó una segunda comisión de investigación, Aún con más motivo pues la fecha de santificación del Papa se acercaba, y al igual que antes, con la misma “transparencia”.
Es entonces cuando se empezó a hablar de que el diagnóstico estuviera más bien relacionado con algún parkinsonismo, otra enfermedad neurodegenerativa o un trastorno de conversión (también conocido actualmente en los manuales médicos como Trastorno de Síntomas Neurológicos Funcionales) es una condición psiquiátrica y neurológica en la que una persona experimenta síntomas físicos reales en el sistema nervioso, pero sin que exista una causa médica o una lesión orgánica que los explique. El paciente no está fingiendo sus síntomas; los experimenta de manera completamente real e involuntaria.
Independientemente de esto es curioso como el milagro se produjo cuando ya Juan Pablo II estaba muerto; Papa que también padecía esa enfermedad y que él mismo no pudo hacer nada para curársela. Generalmente los milagros que cuentan para que te propongan como beato hay que reconocerlos en vida del candidato porque te queda la duda si el milagro fue por él o por otro santo o por algún serbocroata que por allí pasara. Pero para la Iglesia siempre hay una lógica en todo lo que hace y sugiere que Juan Pablo II era un fervoroso Mariano y si recordamos esta monja trabajaba en maternidad del hospital. Ahí está el vínculo.
Otra contradicción es que las características de una curación milagrosa para el Vaticano son la espontaneidad, la instantaneidad, la persistencia de la salud de manera vitalicia, cosa imposible de asegurar pues esta monja sigue viva.
A raíz de morir Juan Pablo II es cuando se dieron con mayor intensidad las acusaciones de pederastia que han removido los cimientos de la iglesia de nuevo (aunque de nuevo sin grandes consecuencias). A Benedicto XVI le interesó darle mucha publicidad a este tipo de milagros y alzar a los altares a su predecesor al que se le consideraba último responsable de todos estos sucesos.
Y es que …. ¡¡¡Con la iglesia hemos topado!!!
Marie-Simon Pierre perteneciente a una congregación en Aix-en-Provence trabajaba en la maternidad de un hospital cuando en 2001 se le diagnosticó de Parkinson juvenil a los 40 años con síntomas en la parte izquierda de su cuerpo; rigidez, dolor, temblor y dificultad para caminar. La enfermedad progresivamente hizo que tuviera que dejar de trabajar. Al cabo de los 4 años sus síntomas estaban mucho peor. Era una ferviente seguidora del papa Juan Pablo II al que le rezaba fervorosamente sobre todo desde que falleció en 2005, Dos meses después de su fallecimiento, en junio, una mañana se levantó asintomática. Dejó la medicación y siguió asintomática. Toda esta curación se la atribuyó ella misma al Papa recién fallecido.
Es por ello por lo que se dice que Juan Pablo II sufrió una beatificación exprés, pues se necesitaban dos milagros (el otro fue la curación espontánea de un aneurisma roto) como condición para que esto sucediera. Cuando el Papa fue enterrado todo el que estaba allí empezó a gritar ¡Santo! ¡Santo! Para Benedicto XVI todo esto bastaba y sobraba para beatificarlo. Luego se santificó batiendo récords de nuevo a los 15 años de su muerte
Para que un milagro se considere como tal el Vaticano ha de reunir a una comisión de expertos que no tardaron en concluir que científicamente no se podía explicar esa curación salvo que fuera un milagro, a pesar de que alguno opinaba “que las curaciones podían ser posibles en el párkinson”
Todos estos procesos se mueven dentro de un gran secretismo siendo imposible hacer una investigación objetiva y externa a la Santa Sede.
Los tímidos intentos sugiriendo que tal vez el diagnóstico no fuera correcto fueron inmediatamente silenciados. Incluso en el seno de esa comisión parece ser que había 3 expertos que manifestaron sus dudas con respecto a este diagnóstico.
La monja se reincorporó a su trabajo, aunque tres años después en un diario polaco del que se hizo eco the Guardian, se publicó que Marie-Simon había recaído en los síntomas. Por supuesto esto fue negado reiteradamente por la Iglesia y según ellos, se creó una segunda comisión de investigación, Aún con más motivo pues la fecha de santificación del Papa se acercaba, y al igual que antes, con la misma “transparencia”.
Es entonces cuando se empezó a hablar de que el diagnóstico estuviera más bien relacionado con algún parkinsonismo, otra enfermedad neurodegenerativa o un trastorno de conversión (también conocido actualmente en los manuales médicos como Trastorno de Síntomas Neurológicos Funcionales) es una condición psiquiátrica y neurológica en la que una persona experimenta síntomas físicos reales en el sistema nervioso, pero sin que exista una causa médica o una lesión orgánica que los explique. El paciente no está fingiendo sus síntomas; los experimenta de manera completamente real e involuntaria.
Independientemente de esto es curioso como el milagro se produjo cuando ya Juan Pablo II estaba muerto; Papa que también padecía esa enfermedad y que él mismo no pudo hacer nada para curársela. Generalmente los milagros que cuentan para que te propongan como beato hay que reconocerlos en vida del candidato porque te queda la duda si el milagro fue por él o por otro santo o por algún serbocroata que por allí pasara. Pero para la Iglesia siempre hay una lógica en todo lo que hace y sugiere que Juan Pablo II era un fervoroso Mariano y si recordamos esta monja trabajaba en maternidad del hospital. Ahí está el vínculo.
Otra contradicción es que las características de una curación milagrosa para el Vaticano son la espontaneidad, la instantaneidad, la persistencia de la salud de manera vitalicia, cosa imposible de asegurar pues esta monja sigue viva.
A raíz de morir Juan Pablo II es cuando se dieron con mayor intensidad las acusaciones de pederastia que han removido los cimientos de la iglesia de nuevo (aunque de nuevo sin grandes consecuencias). A Benedicto XVI le interesó darle mucha publicidad a este tipo de milagros y alzar a los altares a su predecesor al que se le consideraba último responsable de todos estos sucesos.
Y es que …. ¡¡¡Con la iglesia hemos topado!!!
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