Nunca imaginé que tendría que preparar una oposición teniendo Parkinson. Cuando decidí hacerlo, sabía que me esperaba un temario extenso, muchas horas de estudio y un examen en el que tendría que demostrar mis conocimientos. Lo que no sabía era hasta qué punto la enfermedad iba a condicionar mi manera de estudiar.
Tengo Parkinson en fase 1. A veces, cuando se habla de esta enfermedad, parece que las dificultades solo aparecen cuando los síntomas motores son muy evidentes. Sin embargo, incluso en una fase inicial, hay muchas cosas que pueden complicarte la vida y que no siempre se ven desde fuera.
Preparar una oposición exige concentración, memoria, constancia y capacidad para mantener la atención durante mucho tiempo. Y precisamente ahí es donde he encontrado algunas de mis mayores dificultades. Estudiar no consiste únicamente en leer y comprender. Hay que retener la información, relacionar conceptos, repasar una y otra vez y conseguir que lo aprendido permanezca en la memoria. Cuando tienes Parkinson, ese proceso puede volverse más lento y agotador. Hay días en los que me cuesta concentrarme, en los que tengo la sensación de que necesito mucho más tiempo para aprender lo mismo que antes. Y eso puede resultar frustrante.
También está el cansancio, ese agotamiento que no siempre se corresponde con el esfuerzo que has realizado. A veces, después de varias horas de estudio, siento que mi cabeza ya no puede más. Otras veces, aunque tenga ganas de continuar, necesito parar porque mi cuerpo me recuerda que no siempre puedo seguir el ritmo que me gustaría. Quizá una de las cosas más difíciles ha sido aceptar que no siempre puedo estudiar como lo hacía antes del diagnóstico.
Así que he tenido que reinventar mi manera de estudiar. He recurrido a todas las técnicas que se me han ocurrido para intentar que la información se quedara en mi memoria. He hecho resúmenes, esquemas y fichas. He transformado los temas en audios para poder escucharlos una y otra vez, incluso mientras caminaba. He probado distintas formas de organizar los contenidos, de relacionarlos y de repasarlos.
Cada técnica tenía un propósito: encontrar una manera de aprender que se adaptara a mis dificultades y que me permitiera aprovechar mejor el tiempo y la energía. A veces una estrategia funcionaba y otras veces tenía que buscar otra. Ha sido un proceso de ensayo y error, de probar, corregir y volver a empezar. Porque no se trataba solo de estudiar un temario, sino de encontrar la manera de hacerlo con las herramientas que tenía a mi alcance.
Y, sobre todo, he tenido que convivir con la frustración de sentir que mi capacidad no ha desaparecido, pero que ahora necesito más esfuerzo para demostrarla. Preparar esta oposición ha sido un desafío académico, pero también personal. Me ha obligado a enfrentarme a mis limitaciones, a reconocer mis miedos y a descubrir que todavía tengo muchos proyectos por delante.
Y llegó el día del examen. No voy a decir que no tenía miedo. Después de tantas horas de estudio, de tanto esfuerzo y de las dificultades que había tenido que superar, era inevitable preguntarme si todo habría servido para algo.
Cuando terminé, decidí corregir mis respuestas por mi cuenta. Las notas oficiales todavía no han salido, pero, después de comprobarlas, sé que el resultado ha sido muy bueno y eso me ha producido una enorme satisfacción. No solo por el resultado en sí, sino porque detrás de cada respuesta hay muchas horas de estudio, muchos momentos de cansancio y muchas veces en las que he tenido que convencerme de que podía continuar.
No sé qué vendrá después, pero sí sé que haber llegado hasta aquí tiene un valor especial para mí.
No he estudiado para demostrar que puedo hacer lo mismo que hacía antes, he estudiado porque sigo teniendo ganas de aprender, de trabajar y de seguir construyendo mi futuro.
Tengo Parkinson en fase 1. A veces, cuando se habla de esta enfermedad, parece que las dificultades solo aparecen cuando los síntomas motores son muy evidentes. Sin embargo, incluso en una fase inicial, hay muchas cosas que pueden complicarte la vida y que no siempre se ven desde fuera.
Preparar una oposición exige concentración, memoria, constancia y capacidad para mantener la atención durante mucho tiempo. Y precisamente ahí es donde he encontrado algunas de mis mayores dificultades. Estudiar no consiste únicamente en leer y comprender. Hay que retener la información, relacionar conceptos, repasar una y otra vez y conseguir que lo aprendido permanezca en la memoria. Cuando tienes Parkinson, ese proceso puede volverse más lento y agotador. Hay días en los que me cuesta concentrarme, en los que tengo la sensación de que necesito mucho más tiempo para aprender lo mismo que antes. Y eso puede resultar frustrante.
También está el cansancio, ese agotamiento que no siempre se corresponde con el esfuerzo que has realizado. A veces, después de varias horas de estudio, siento que mi cabeza ya no puede más. Otras veces, aunque tenga ganas de continuar, necesito parar porque mi cuerpo me recuerda que no siempre puedo seguir el ritmo que me gustaría. Quizá una de las cosas más difíciles ha sido aceptar que no siempre puedo estudiar como lo hacía antes del diagnóstico.
Así que he tenido que reinventar mi manera de estudiar. He recurrido a todas las técnicas que se me han ocurrido para intentar que la información se quedara en mi memoria. He hecho resúmenes, esquemas y fichas. He transformado los temas en audios para poder escucharlos una y otra vez, incluso mientras caminaba. He probado distintas formas de organizar los contenidos, de relacionarlos y de repasarlos.
Cada técnica tenía un propósito: encontrar una manera de aprender que se adaptara a mis dificultades y que me permitiera aprovechar mejor el tiempo y la energía. A veces una estrategia funcionaba y otras veces tenía que buscar otra. Ha sido un proceso de ensayo y error, de probar, corregir y volver a empezar. Porque no se trataba solo de estudiar un temario, sino de encontrar la manera de hacerlo con las herramientas que tenía a mi alcance.
Y, sobre todo, he tenido que convivir con la frustración de sentir que mi capacidad no ha desaparecido, pero que ahora necesito más esfuerzo para demostrarla. Preparar esta oposición ha sido un desafío académico, pero también personal. Me ha obligado a enfrentarme a mis limitaciones, a reconocer mis miedos y a descubrir que todavía tengo muchos proyectos por delante.
Y llegó el día del examen. No voy a decir que no tenía miedo. Después de tantas horas de estudio, de tanto esfuerzo y de las dificultades que había tenido que superar, era inevitable preguntarme si todo habría servido para algo.
Cuando terminé, decidí corregir mis respuestas por mi cuenta. Las notas oficiales todavía no han salido, pero, después de comprobarlas, sé que el resultado ha sido muy bueno y eso me ha producido una enorme satisfacción. No solo por el resultado en sí, sino porque detrás de cada respuesta hay muchas horas de estudio, muchos momentos de cansancio y muchas veces en las que he tenido que convencerme de que podía continuar.
No sé qué vendrá después, pero sí sé que haber llegado hasta aquí tiene un valor especial para mí.
No he estudiado para demostrar que puedo hacer lo mismo que hacía antes, he estudiado porque sigo teniendo ganas de aprender, de trabajar y de seguir construyendo mi futuro.
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