Hidratación y párkinson: por qué el agua importa más de lo que parece
Volver a blogs
¿Sabías que podemos pasar casi un mes sin comer, pero solo unos pocos días sin beber agua?
El agua es mucho más que una bebida: es un nutriente esencial para que nuestro cuerpo funcione. Y cuando hablamos de párkinson, una buena hidratación no solo es importante, sino clave para mejorar el bienestar diario.
Beber suficiente líquido puede ayudarte a prevenir el estreñimiento, evitar mareos, facilitar la toma de medicación y proteger el funcionamiento de órganos como los riñones. Aun así, muchas personas con párkinson no beben lo suficiente… y eso puede empeorar algunos síntomas.
¿Pero cuánto hay que beber?
Si bien las necesidades de líquidos varían de una persona a otra, en general, se recomienda que las personas con párkinson beban entre 1,5 y 2,5 litros al día (alrededor de 8 a 10 vasos). Esta cantidad ayuda a prevenir problemas comunes como el estreñimiento y la deshidratación, que pueden empeorar los síntomas. Sin embargo, es importante ajustar esta cifra a las necesidades individuales, teniendo en cuenta factores como la función renal, los problemas de deglución y los medicamentos. Consultar con el equipo médico es clave para personalizar esta recomendación y garantizar que la hidratación no interfiera con otros aspectos de la salud.
¿Por qué una hidratación adecuada es tan importante en la enfermedad de Parkinson?
Puede parecer un detalle menor, pero beber suficiente agua cada día marca la diferencia.
Según la Parkinson’s Foundation, los problemas relacionados con la deshidratación pueden agravar síntomas motores y no motores, como el estreñimiento o los mareos al levantarse. Y, aun así, es un tema que muchas veces pasa desapercibido.
Nuestro cuerpo necesita agua para casi todo: regular la temperatura, eliminar toxinas, favorecer la digestión, proteger los riñones y mantener la mente en forma. Y cuando se convive con el párkinson, esa necesidad es aún más urgente.
Una buena hidratación puede ayudar a:
Evitar el estreñimiento, uno de los síntomas más comunes y molestos en la enfermedad.
Mantener la presión arterial más estable y reducir el riesgo de caídas por hipotensión ortostática.
Facilitar la toma de medicamentos (tragar pastillas resulta más fácil con suficiente líquido).
Proteger el sistema urinario y prevenir infecciones.
Factores que aumentan el riesgo de deshidratación en la persona con párkinson
En el párkinson, hay varios motivos que hacen que la persona tenga más papeletas para deshidratarse. No es solo “olvido” o “pereza”: hay factores físicos, neurológicos y emocionales de fondo.
Disfagia y problemas de deglución
La enfermedad de Parkinson puede afectar a los músculos que intervienen en la deglución, dando lugar a disfagia (dificultad para tragar). Se calcula que una gran mayoría de personas con párkinson tendrá problemas de deglución en algún momento de la enfermedad.
Cuando cuesta tragar:
Es más frecuente que la persona beba menos por miedo a atragantarse.
Las comidas se hacen más largas y cansadas.
Se pueden evitar ciertos líquidos o texturas.
Todo esto favorece la parkinson deshidratación si no se vigila de cerca.
Problemas urinarios
Es muy habitual que el párkinson cause síntomas urinarios: urgencia, necesidad de ir al baño con mucha frecuencia o incluso incontinencia.
Ante esto, muchas personas acaban pensando:
“Si bebo menos, tendré que ir menos veces al baño”.
A corto plazo parece una solución, pero a medio plazo:
Aumenta el riesgo de infecciones de orina.
Empeora la deshidratación.
Puede favorecer mareos y caídas.
Disminución de la sensación de sed y otros factores
Algunos estudios han observado que muchas personas con párkinson tienden a beber poco y refieren poca sensación de sed, incluso años antes de que aparezcan los síntomas motores.
Además:
Con la edad, la sensación de sed suele ser menos fiable.
Algunos medicamentos pueden provocar náuseas o malestar, lo que hace que beber resulte menos apetecible.
Si cuesta moverse o levantarse, ir a por agua se pospone… y al final se bebe menos.
Sudoración excesiva
La alteración del sistema nervioso autónomo en la enfermedad de Parkinson también puede provocar sudoración excesiva o problemas para regular la temperatura.
Si se suda más (sobre todo con calor o durante la actividad física) y no se repone ese líquido, la pérdida de agua se acumula sin casi notarlo.
¿Cómo se manifiesta la deshidratación leve en la persona con párkinson?
La deshidratación no siempre se presenta como “tengo mucha sed”. De hecho, en párkinson la sed puede no ser una alarma fiable.
Algunas señales que conviene vigilar:
- Cansancio o debilidad mayor de lo habitual.
- Mareos o sensación de inestabilidad al ponerse de pie.
- Dolor de cabeza.
- Boca, labios o piel más secos de lo normal.
- Orina muy oscura o en poca cantidad.
En la persona con párkinson, además, la deshidratación puede:
- Aumentar el riesgo de caídas (más mareos, más inestabilidad).
- Empeorar la confusión, la somnolencia o la sensación de estar “apagado”.
Si aparecen signos de deshidratación intensa (no orinar, confusión marcada, somnolencia extrema, fiebre…), es motivo para consultar de forma urgente.
Consejos para mantener una hidratación adecuada
Cada persona con párkinson es diferente, pero hay algunas ideas prácticas que suelen ayudar.
1. Repartir los líquidos durante el día
En lugar de intentar beber mucho de golpe, puede ser más llevadero:
Tener una botella a mano en los lugares donde más tiempo pasas.
Vincular el agua a rutinas:
un vaso con cada comida,
otro con cada toma de medicación,
otro al empezar el ejercicio.
2. No todo tiene que ser agua “tal cual”
Si el agua sola no apetece:
Infusiones suaves, agua con unas gotas de limón, caldos suaves.
Fruta rica en agua (sandía, melón, naranja, uvas).
Gelatinas ligeras, sopas, purés más líquidos.
Siempre adaptando estas opciones a otras enfermedades (diabetes, insuficiencia cardiaca, etc.) y a lo que indique el equipo médico.
3. Hablar abiertamente de la deglución
Si notas:
que te cuesta tragar,
que toses al beber,
o que tardas mucho en terminar las comidas,
es importante comentarlo con el neurólogo y pedir valoración de logopedia o especialista en deglución, para adaptar texturas y formas de beber sin renunciar a la hidratación.
4. No reducir el agua “para ir menos al baño” sin consultar
Si hay urgencia urinaria o te levantas muchas veces por la noche:
No es buena idea recortar drásticamente los líquidos por tu cuenta.
Es mejor comentarlo en consulta: hay tratamiento y estrategias específicas (médicas y conductuales) para estos síntomas.
5. Evitar lo que favorece la deshidratación
En general, se recomienda:
Limitar el alcohol.
No abusar de bebidas muy cargadas de cafeína.
No hace falta prohibirlo todo, pero sí ser consciente de que este tipo de bebidas pueden hacer que pierdas más líquido.
Hablar en la consulta sobre cómo estás bebiendo, si te cuesta tragar, si te levantas muchas veces al baño o si te sientes más mareado o cansado de lo normal, es parte de cuidar tu salud igual que comentar otros síntomas.
La deshidratación en párkinson no es un detalle menor: es un área en la que, con apoyo del equipo sanitario y del entorno, suele haber margen para mejorar. Y cada pequeña mejora cuenta.
Comentarios (0)
Cargando mensajes...