Es como en la película “Atrapado en el tiempo", donde el protagonista vive el mismo día una y otra vez. Es una experiencia muy graciosa., así me ocurrió a mí en la visita a un familiar.
Todos admiran la vista al bajar del coche
Es como una foto para turistas, con el Teide al fondo. Si está nevado, es aún más bonito. El valle que una vez fue verde, los cultivos de plataneras fueron reemplazado por viviendas , y el océano es de un azul intenso. Es una auténtica postal. Pero lo que la foto no muestra es el “factor Párkinson” que hay allí.
Las dos veces que he ido allí, he tenido que aplicar la misma técnica. Abro la puerta del coche, sacar los pies y ¡paf! . Termino en el suelo. Es como ver una película que merece la pena volver a ver. Intento levantarme, pero varios pares de manos, rápidamente, me ayudan a ponerme de pie. Cuando lo logro, salgo disparada hacia la acera, pero me paran porque me voy derechita a comerme el suelo
Mi hija dice que ese lugar no es para personas como yo. No sé a qué se refiere.
Ahora imagina la siguiente escena: yo, agarrada a la barandilla de la calle como si mi vida dependiera de ello, avanzando a paso de caracol contra una gravedad que parece querer barrerme del mapa. A veces siento que no estoy en La Orotava, sino en la cima de una montaña, luchando contra vientos invisibles. Mis músculos se sienten débiles y no puedo caminar sin ayuda
Mi madre se ríe y da órdenes para que todos me ayuden. Me orientan sobre cómo moverme.
No me malinterpreten: el lugar es precioso y el Teide sigue allí, viendo cómo lucho contra la física. Pero esa pendiente tiene un sentido del humor muy particular. Ahora, cada vez más, el Párkinson se ha convertido en un contrincante más fuerte.
Seguiré yendo allí, amigos. No me queda de otra.
Todos admiran la vista al bajar del coche
Es como una foto para turistas, con el Teide al fondo. Si está nevado, es aún más bonito. El valle que una vez fue verde, los cultivos de plataneras fueron reemplazado por viviendas , y el océano es de un azul intenso. Es una auténtica postal. Pero lo que la foto no muestra es el “factor Párkinson” que hay allí.
Las dos veces que he ido allí, he tenido que aplicar la misma técnica. Abro la puerta del coche, sacar los pies y ¡paf! . Termino en el suelo. Es como ver una película que merece la pena volver a ver. Intento levantarme, pero varios pares de manos, rápidamente, me ayudan a ponerme de pie. Cuando lo logro, salgo disparada hacia la acera, pero me paran porque me voy derechita a comerme el suelo
Mi hija dice que ese lugar no es para personas como yo. No sé a qué se refiere.
Ahora imagina la siguiente escena: yo, agarrada a la barandilla de la calle como si mi vida dependiera de ello, avanzando a paso de caracol contra una gravedad que parece querer barrerme del mapa. A veces siento que no estoy en La Orotava, sino en la cima de una montaña, luchando contra vientos invisibles. Mis músculos se sienten débiles y no puedo caminar sin ayuda
Mi madre se ríe y da órdenes para que todos me ayuden. Me orientan sobre cómo moverme.
No me malinterpreten: el lugar es precioso y el Teide sigue allí, viendo cómo lucho contra la física. Pero esa pendiente tiene un sentido del humor muy particular. Ahora, cada vez más, el Párkinson se ha convertido en un contrincante más fuerte.
Seguiré yendo allí, amigos. No me queda de otra.
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