Aquí estamos de regreso. O más bien, aquí continuamos. Con el inicio de un nuevo año, muchas personas ven este periodo anual como una manera de reiniciar, como si esto fuese posible. Hacer "borrón y cuenta nueva". Pero la vida no es así. Es un continuo transcurrir, añadiendo a nuestras mochilas personales nuestras experiencias y recuerdos que poco a poco nos van moldeando.
El problema es no querer cuando no podemos evitarlo. La aceptación es síntoma de madurez, ya sea aceptar el paso del tiempo, las circunstancias familiares y personales o sociales.
Pero no todo es aceptación. Proponerse diferentes cambios quizás puedan darle una vuelta a las cosas. Ya sabéis: "Si quieres que algo cambie, no hagas siempre lo mismo".
Y es aquí donde tenemos que intervenir. Pequeñas acciones que quizás permitan pequeños cambios.
Ya sé lo difícil que es. Y más para enfermos de párkinson con las emociones a flor de piel y a veces descontroladas. Y es ahí donde debemos intentar cambiar. Hábitos de vida, valorar lo que necesitamos realmente. Hablar con nuestro-a neurólogo-a y buscar opciones que nos puedan ayudar , no a cambiar sino a mejorar. Y aquí entra en juego otro factor: la confianza. La confianza en las personas que nos intentan ayudar de manera más o menos acertada. Nuestros médicos pueden no ser perfectos pero son profesionales. Pueden equivocarse pero nosotros también debemos poner de nuestra parte.
Cada uno de nosotros nos conocemos a nosotros mismos pero no les obliguemos a jugar a las adivinanzas. La sinceridad en todos los aspectos nos ayudará a nosotros y a los sanitarios que nos atienden.
Pensaréis que divago y quizás sí, un poco.
En estos momentos estaba pensando en lo que ha mejorado en mí. Obviamente el párkinson sigue aquí y dirige muchas de las acciones de mi vida. Pero no estoy dispuesta a dejar que la controle.
En estos momentos siento que tengo más control sobre mis emociones y eso ha sido fundamental. Relativizo lo que pasa a mi alrededor e intento apreciar lo bueno que hay a mi alrededor. He aprendido a reírme de mí misma. No como una burla sino con la intención de ser feliz.
Si estoy cansada, descanso. Si tengo discinesias intento relajar mi cuerpo y mi mente cuando estoy en casa y si es en la calle camino e intento no pensarlo demasiado.
Nuestro cerebro es complejo y debemos aprovechar esa complejidad a nuestro favor.
Y mientras tanto viajo siempre que puedo. Las experiencias positivas son "dopamina" extra. Si necesito ayuda la pido.
Valoro a los que me quieren y ayudan, a veces con una sonrisa, un abrazo o una palabra amable.
Feliz año nuevo para todos.
Me gustaría
El problema es no querer cuando no podemos evitarlo. La aceptación es síntoma de madurez, ya sea aceptar el paso del tiempo, las circunstancias familiares y personales o sociales.
Pero no todo es aceptación. Proponerse diferentes cambios quizás puedan darle una vuelta a las cosas. Ya sabéis: "Si quieres que algo cambie, no hagas siempre lo mismo".
Y es aquí donde tenemos que intervenir. Pequeñas acciones que quizás permitan pequeños cambios.
Ya sé lo difícil que es. Y más para enfermos de párkinson con las emociones a flor de piel y a veces descontroladas. Y es ahí donde debemos intentar cambiar. Hábitos de vida, valorar lo que necesitamos realmente. Hablar con nuestro-a neurólogo-a y buscar opciones que nos puedan ayudar , no a cambiar sino a mejorar. Y aquí entra en juego otro factor: la confianza. La confianza en las personas que nos intentan ayudar de manera más o menos acertada. Nuestros médicos pueden no ser perfectos pero son profesionales. Pueden equivocarse pero nosotros también debemos poner de nuestra parte.
Cada uno de nosotros nos conocemos a nosotros mismos pero no les obliguemos a jugar a las adivinanzas. La sinceridad en todos los aspectos nos ayudará a nosotros y a los sanitarios que nos atienden.
Pensaréis que divago y quizás sí, un poco.
En estos momentos estaba pensando en lo que ha mejorado en mí. Obviamente el párkinson sigue aquí y dirige muchas de las acciones de mi vida. Pero no estoy dispuesta a dejar que la controle.
En estos momentos siento que tengo más control sobre mis emociones y eso ha sido fundamental. Relativizo lo que pasa a mi alrededor e intento apreciar lo bueno que hay a mi alrededor. He aprendido a reírme de mí misma. No como una burla sino con la intención de ser feliz.
Si estoy cansada, descanso. Si tengo discinesias intento relajar mi cuerpo y mi mente cuando estoy en casa y si es en la calle camino e intento no pensarlo demasiado.
Nuestro cerebro es complejo y debemos aprovechar esa complejidad a nuestro favor.
Y mientras tanto viajo siempre que puedo. Las experiencias positivas son "dopamina" extra. Si necesito ayuda la pido.
Valoro a los que me quieren y ayudan, a veces con una sonrisa, un abrazo o una palabra amable.
Feliz año nuevo para todos.
Me gustaría
Comentarios (3)
Cargando mensajes...