No es justo. No lo merezco
La cantante mejicana Julieta Venegas, en su canción “Me voy”, dice
“No voy a llorar y decir / Que no merezco esto
Porque
Es probable que lo merezca, / pero no lo quiero, / por eso me voy.
¡Qué lástima, pero adiós! / Me despido de ti y me voy”
Siempre me gustó esa canción que entendí como un grito de rebeldía y liberación de la culpa, de la tan oprimente “Culpa” que nos paraliza y nos hace tanto daño, cuando nos pasa algo malo o que simplemente no queremos, y aparecen las palabras “culpa” de haber hecho algo malo, “castigo” por eso que hicimos, y “me lo merezco” como resultado de una ecuación, como que A + B = C.
Y esa canción me lleva a relacionarla con la enfermedad, aunque no podemos decirle como en la canción, me despido de ti y me voy, y a recordar algo que me pasó hace poco.
Mary, mi cuñada y su compañero, Alberto, fueron a Ushuaia y el Calafate, en mayo de 2023. Mandaron muchas fotos del glaciar Perito Moreno y videos del momento en que se desprendían grandes trozos de hielo.
Un espectáculo hermoso, impresionante. Una de las maravillas que nos regala la naturaleza.
Entonces les mandé un mensaje. “Qué hermoso debe ser estar ahí. Disfruten mucho. Se lo merecen. Abrazos”
Porque realmente se lo merecen. Son buena gente, trabajadores, pero enseguida pensé: y si no lo merecían, ¿iban a dejar de disfrutar? No. Y ¿quién soy yo para decidir si alguien merece o no merece alguna cosa?
Entonces relacioné esa duda, pero a la inversa, con la pregunta que muchos nos hacemos cuando nos diagnostican, y la sentencia que enseguida sigue a esa pregunta.
“¿Por qué a mí?”. “No lo merezco”
Y me di cuenta de que no hay quien tenga el derecho de sentenciar quién merece o no merece el “premio” de ver cuando se desprenden esas toneladas de hielo, o ver caer el agua en las Cataratas, o el “castigo” de la enfermedad de Parkinson, o un cáncer, o la diabetes.
Si se pudiera elegir, nadie tendría esta enfermedad. No es hermosa, no es majestuosa como el Perito Moreno. Pero existe, está ahí, es enorme. Y a algunos nos tocó estar ahí, con ella, de por vida.
¿Quién puede sentenciar si se merece o no? ¿Si es justo o no?
En definitiva, no todos tienen lo que se merecen, ni todos merecen lo que tienen.
¿Sería lógico estar frente a una puesta del sol en Punta del Diablo y en vez de disfrutar, ponerse a cuestionar si se merece estar ahí?
No es lógico, como tampoco lo es que en vez de ocuparnos en hacer la mejor rehabilitación física para mejorar nuestra calidad de vida, nos perforemos la cabeza preguntándonos “¿Por qué a mí? Y sentenciando ”no lo merezco”, cuando ya no podemos elegir ni cambiar.
La naturaleza hace su obra maravillosa en lo lindo y en lo feo, sin pararse a pensar si a mí me gusta o no, si estoy ahí para verla o no, si la sufro o no. Si la merezco o no.
La cantante mejicana Julieta Venegas, en su canción “Me voy”, dice
“No voy a llorar y decir / Que no merezco esto
Porque
Es probable que lo merezca, / pero no lo quiero, / por eso me voy.
¡Qué lástima, pero adiós! / Me despido de ti y me voy”
Siempre me gustó esa canción que entendí como un grito de rebeldía y liberación de la culpa, de la tan oprimente “Culpa” que nos paraliza y nos hace tanto daño, cuando nos pasa algo malo o que simplemente no queremos, y aparecen las palabras “culpa” de haber hecho algo malo, “castigo” por eso que hicimos, y “me lo merezco” como resultado de una ecuación, como que A + B = C.
Y esa canción me lleva a relacionarla con la enfermedad, aunque no podemos decirle como en la canción, me despido de ti y me voy, y a recordar algo que me pasó hace poco.
Mary, mi cuñada y su compañero, Alberto, fueron a Ushuaia y el Calafate, en mayo de 2023. Mandaron muchas fotos del glaciar Perito Moreno y videos del momento en que se desprendían grandes trozos de hielo.
Un espectáculo hermoso, impresionante. Una de las maravillas que nos regala la naturaleza.
Entonces les mandé un mensaje. “Qué hermoso debe ser estar ahí. Disfruten mucho. Se lo merecen. Abrazos”
Porque realmente se lo merecen. Son buena gente, trabajadores, pero enseguida pensé: y si no lo merecían, ¿iban a dejar de disfrutar? No. Y ¿quién soy yo para decidir si alguien merece o no merece alguna cosa?
Entonces relacioné esa duda, pero a la inversa, con la pregunta que muchos nos hacemos cuando nos diagnostican, y la sentencia que enseguida sigue a esa pregunta.
“¿Por qué a mí?”. “No lo merezco”
Y me di cuenta de que no hay quien tenga el derecho de sentenciar quién merece o no merece el “premio” de ver cuando se desprenden esas toneladas de hielo, o ver caer el agua en las Cataratas, o el “castigo” de la enfermedad de Parkinson, o un cáncer, o la diabetes.
Si se pudiera elegir, nadie tendría esta enfermedad. No es hermosa, no es majestuosa como el Perito Moreno. Pero existe, está ahí, es enorme. Y a algunos nos tocó estar ahí, con ella, de por vida.
¿Quién puede sentenciar si se merece o no? ¿Si es justo o no?
En definitiva, no todos tienen lo que se merecen, ni todos merecen lo que tienen.
¿Sería lógico estar frente a una puesta del sol en Punta del Diablo y en vez de disfrutar, ponerse a cuestionar si se merece estar ahí?
No es lógico, como tampoco lo es que en vez de ocuparnos en hacer la mejor rehabilitación física para mejorar nuestra calidad de vida, nos perforemos la cabeza preguntándonos “¿Por qué a mí? Y sentenciando ”no lo merezco”, cuando ya no podemos elegir ni cambiar.
La naturaleza hace su obra maravillosa en lo lindo y en lo feo, sin pararse a pensar si a mí me gusta o no, si estoy ahí para verla o no, si la sufro o no. Si la merezco o no.
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