Hay días en los que me pregunto si vale la pena el esfuerzo diario por seguir al firme.
Me pasa muy seguido con mi libro, “Los caminos de la dopamina”. Cada vez que se integra alguien nuevo a la Asociación de Parkinson, y plantea alguna duda sobre los síntomas, sobre los tratamientos, le hablo del libro y le trato de explicar que ahí va a encontrar muchísima información, y que le puede ayudar.
Me preguntan dónde lo consiguen. Cuando explico que en todas las librerías, pero yo lo tengo más barato, me agradecen y me miran como si mi interés fuera la venta.
Cuando por recomendación de otros, lo leen, la gran mayoría me felicita y agradece que haya insistido, porque les ayuda.
Pero antes me hacen sentir que estoy mendigando por vender un ejemplar.
Lo mismo me pasa ahora, que el libro fue seleccionado para representar a mi país, Uruguay, en el 7º Congreso Mundial de Parkinson, en Arizona, EEUU, en mayo 2026.
Estoy tratando de conseguir apoyo económico de algunas empresas para viajar, y me siento, otra vez, que estoy rogando, poco menos que mendigando, para un beneficio personal.
Como si no fuera importante que un libro uruguayo haya sido seleccionado para un Congreso mundial.
El libro es autopublicado, es decir lo pagué yo mismo, y después de un año y medio, recién estoy recuperando el dinero, ya que he regalado muchísimos ejemplares.
Estoy convencido de que el libro es bueno, está bien escrito y puede ayudar mucho, pero muchos tienen el prejuicio de que si el autor es un parkinsoniano como cualquier otro, y encima lo puedo conocer del barrio, o nos cruzamos en la feria, difícil que sea un buen libro. Como que los buenos libros, las buenas pinturas, las buenas canciones, sólo pudieran hacerlas los desconocidos ilustres.
Lo del principio. A veces cansa y me pregunto si vale la pena, pero sí, vale la pena.
Como vale la pena el esfuerzo diario, el que no se ve, el que parece intrascendente para quienes no tienen la enfermedad, por no decaer, por mover la mandíbula, por no caernos, por no atragantarnos, por levantarnos solos, por hacer caca, por dormir, por no desparramar la sopa, por mantenernos autoválidos.
Sabemos que cuesta, pero no podemos aflojar. ¡Vale la pena!
Me pasa muy seguido con mi libro, “Los caminos de la dopamina”. Cada vez que se integra alguien nuevo a la Asociación de Parkinson, y plantea alguna duda sobre los síntomas, sobre los tratamientos, le hablo del libro y le trato de explicar que ahí va a encontrar muchísima información, y que le puede ayudar.
Me preguntan dónde lo consiguen. Cuando explico que en todas las librerías, pero yo lo tengo más barato, me agradecen y me miran como si mi interés fuera la venta.
Cuando por recomendación de otros, lo leen, la gran mayoría me felicita y agradece que haya insistido, porque les ayuda.
Pero antes me hacen sentir que estoy mendigando por vender un ejemplar.
Lo mismo me pasa ahora, que el libro fue seleccionado para representar a mi país, Uruguay, en el 7º Congreso Mundial de Parkinson, en Arizona, EEUU, en mayo 2026.
Estoy tratando de conseguir apoyo económico de algunas empresas para viajar, y me siento, otra vez, que estoy rogando, poco menos que mendigando, para un beneficio personal.
Como si no fuera importante que un libro uruguayo haya sido seleccionado para un Congreso mundial.
El libro es autopublicado, es decir lo pagué yo mismo, y después de un año y medio, recién estoy recuperando el dinero, ya que he regalado muchísimos ejemplares.
Estoy convencido de que el libro es bueno, está bien escrito y puede ayudar mucho, pero muchos tienen el prejuicio de que si el autor es un parkinsoniano como cualquier otro, y encima lo puedo conocer del barrio, o nos cruzamos en la feria, difícil que sea un buen libro. Como que los buenos libros, las buenas pinturas, las buenas canciones, sólo pudieran hacerlas los desconocidos ilustres.
Lo del principio. A veces cansa y me pregunto si vale la pena, pero sí, vale la pena.
Como vale la pena el esfuerzo diario, el que no se ve, el que parece intrascendente para quienes no tienen la enfermedad, por no decaer, por mover la mandíbula, por no caernos, por no atragantarnos, por levantarnos solos, por hacer caca, por dormir, por no desparramar la sopa, por mantenernos autoválidos.
Sabemos que cuesta, pero no podemos aflojar. ¡Vale la pena!
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