No es solo un dolor de espalda común; es una sensación de bloqueo profundo, como si los músculos se volvieran rígidos y rebeldes, y dejaras de habitar tu propio cuerpo. En momentos así, un masaje tradicional o superficial no es suficiente. Necesitas a alguien que entienda el mapa de tus nervios.
Y ahí es donde ocurre la magia de dar con la persona adecuada.
Quiero agradecer de todo corazón a mi hija Carla, que con todo su amor y un ojo clínico maravilloso, puso en mi camino a Juan, obvio su apellido . Hay decisiones de los hijos que cambian por completo nuestra calidad de vida, y guiarme hasta su consulta ha sido uno de los mejores regalos que me ha podido hacer.
Juan es de lo mejor que hay, o mi cuerpo y mi mente así lo creen. Su secreto está en cómo entiende el cuerpo. Mientras muchos profesionales se limitan a estirar o amasar el músculo que duele, Juan sabe que el músculo es solo un "mandado". El verdadero jefe es el sistema nervioso. Cuando un músculo se colapsa y se pone duro como una piedra, es porque el nervio que lo controla le está enviando una orden constante de alerta y tensión.
El arte de Juan consiste en usar la increíble sensibilidad de sus manos para aplicar una terapia manual de presiones muy precisas, microajustes y movimientos suaves, él logra liberar los caminos por los que viajan esos nervios aprisionados. Es como si con sus manos fuera capaz de "dialogar" con mi sistema nervioso, enviándole una señal de calma absoluta para decirle: Ya puedes dejar de protegerte, ya puedes soltar. Al liberar el cable eléctrico (el nervio), el músculo se relaja de inmediato de forma natural.
Ayer fui a su consulta sintiendo ese colapso y, gracias a esa técnica tan precisa y respetuosa con el cuerpo, ocurrió el milagro: salí de allí habiendo recuperado mi cuerpo por completo. Tenía el nervio trigémino y el facial colapsado. Volví a sentirme ligera, en paz y dueña de mis movimientos.
Si sientes que tu cuerpo te pasa factura, que estás bloqueada y que el motor no responde, no lo dejes pasar. No busques solo quien te alivie el dolor, busca a un profesional que entienda cómo funciona nuestro cuerpo párkinsoniano
Hazme caso, pon un fisioterapeuta en tu vida. Gracias Juan, por tu talento y tus manos, y gracias Carla, por cuidarme tanto y tan bien.
¡Ahora todo pasó y vuelvo a ser yo!
Cuéntame si tienes un fisioterapeuta especial.
Y ahí es donde ocurre la magia de dar con la persona adecuada.
Quiero agradecer de todo corazón a mi hija Carla, que con todo su amor y un ojo clínico maravilloso, puso en mi camino a Juan, obvio su apellido . Hay decisiones de los hijos que cambian por completo nuestra calidad de vida, y guiarme hasta su consulta ha sido uno de los mejores regalos que me ha podido hacer.
Juan es de lo mejor que hay, o mi cuerpo y mi mente así lo creen. Su secreto está en cómo entiende el cuerpo. Mientras muchos profesionales se limitan a estirar o amasar el músculo que duele, Juan sabe que el músculo es solo un "mandado". El verdadero jefe es el sistema nervioso. Cuando un músculo se colapsa y se pone duro como una piedra, es porque el nervio que lo controla le está enviando una orden constante de alerta y tensión.
El arte de Juan consiste en usar la increíble sensibilidad de sus manos para aplicar una terapia manual de presiones muy precisas, microajustes y movimientos suaves, él logra liberar los caminos por los que viajan esos nervios aprisionados. Es como si con sus manos fuera capaz de "dialogar" con mi sistema nervioso, enviándole una señal de calma absoluta para decirle: Ya puedes dejar de protegerte, ya puedes soltar. Al liberar el cable eléctrico (el nervio), el músculo se relaja de inmediato de forma natural.
Ayer fui a su consulta sintiendo ese colapso y, gracias a esa técnica tan precisa y respetuosa con el cuerpo, ocurrió el milagro: salí de allí habiendo recuperado mi cuerpo por completo. Tenía el nervio trigémino y el facial colapsado. Volví a sentirme ligera, en paz y dueña de mis movimientos.
Si sientes que tu cuerpo te pasa factura, que estás bloqueada y que el motor no responde, no lo dejes pasar. No busques solo quien te alivie el dolor, busca a un profesional que entienda cómo funciona nuestro cuerpo párkinsoniano
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