- El sexo no es parte de la enfermedad – dijo algo asustado el joven que venía por primera vez a los talleres de la Asociación Uruguaya de Parkinson.
La sexualidad es un tema que nos involucra a todos – contestó Silvina, la psicóloga - independiente de la edad, y de que tenga o no una enfermedad, sea cual sea.
Y hay aspectos del acto sexual que tienen relación directa con el Parkinson, ya que durante el mismo pueden producirse algunos movimientos que lo complican, o puede paralizarse el cuerpo, entre las mujeres puede haber problemas con la lubricación.
Además, es difícil pensar en el placer sexual si tenemos temor a echar todo a perder por el temblor, o por la lentitud, o estamos depresivos.
O si el hombre aún cree que si no tiene una erección, no podrá brindarle placer a la pareja, entonces en vez de disfrutar el acto sexual, está concentrado en la erección, y no en la pareja.
Por eso es muy importante tener en cuenta que la sexualidad se vive de muy diversas maneras, no sólo con el acto sexual. Involucra los deseos, los pensamientos, el placer, que no es sólo el coito. Puede estar en una caricia, un masaje, una palabra, un gesto.
Y hay muchos conceptos que han cambiado en relativamente poco tiempo.
Hoy nadie cuestiona que la mujer sienta placer, pero muchos de ustedes, crecieron con el tabú de que era malo que la mujer lo sintiera. O que dos hombres, o dos mujeres se tocaran y se besaran en público.
Hoy sigue siendo un tabú la autoestimulación, que se sienta placer sin un otro. Y por supuesto, a nadie se le ocurre imaginarse a una persona mayor masturbándose. ¡Qué horror!
Finalmente, remarcó la importancia de preparar a la pareja. Una sorpresa, un ramo de flores, unas caricias, hablarle suavemente, preparar un buen ambiente. O sea, “no ir a los bifes” de una, como un cavernícola.
Esa noche, después de la charla, hice todo lo que dijo:
Mi esposa llegó de trabajar y me dio la lista de lo que quería del supermercado: Leche, un paquete chico de arroz, medio kilo de carne picada (estábamos a fin de mes) y un jabón en barra. Yo fui, y en vez de comprar esas cosas todas materiales, compré un precioso ramo de claveles, volví, entré sin hacer ruido y se lo di con todo mi amor.
Cuando se acostó, sin siquiera darme las gracias por las flores, me dio la espalda, pero yo me acosté en cucharita, me recosté en el codo, y en voz bien suave, como dijo la psicóloga, le dije, casi en un susurro ¿viste que en la otra cuadra hubo un accidente de moto? Se tapó la cabeza, diciendo no sé qué barbaridades.
No sé qué habrá fallado, pero no funcionó.
La sexualidad es un tema que nos involucra a todos – contestó Silvina, la psicóloga - independiente de la edad, y de que tenga o no una enfermedad, sea cual sea.
Y hay aspectos del acto sexual que tienen relación directa con el Parkinson, ya que durante el mismo pueden producirse algunos movimientos que lo complican, o puede paralizarse el cuerpo, entre las mujeres puede haber problemas con la lubricación.
Además, es difícil pensar en el placer sexual si tenemos temor a echar todo a perder por el temblor, o por la lentitud, o estamos depresivos.
O si el hombre aún cree que si no tiene una erección, no podrá brindarle placer a la pareja, entonces en vez de disfrutar el acto sexual, está concentrado en la erección, y no en la pareja.
Por eso es muy importante tener en cuenta que la sexualidad se vive de muy diversas maneras, no sólo con el acto sexual. Involucra los deseos, los pensamientos, el placer, que no es sólo el coito. Puede estar en una caricia, un masaje, una palabra, un gesto.
Y hay muchos conceptos que han cambiado en relativamente poco tiempo.
Hoy nadie cuestiona que la mujer sienta placer, pero muchos de ustedes, crecieron con el tabú de que era malo que la mujer lo sintiera. O que dos hombres, o dos mujeres se tocaran y se besaran en público.
Hoy sigue siendo un tabú la autoestimulación, que se sienta placer sin un otro. Y por supuesto, a nadie se le ocurre imaginarse a una persona mayor masturbándose. ¡Qué horror!
Finalmente, remarcó la importancia de preparar a la pareja. Una sorpresa, un ramo de flores, unas caricias, hablarle suavemente, preparar un buen ambiente. O sea, “no ir a los bifes” de una, como un cavernícola.
Esa noche, después de la charla, hice todo lo que dijo:
Mi esposa llegó de trabajar y me dio la lista de lo que quería del supermercado: Leche, un paquete chico de arroz, medio kilo de carne picada (estábamos a fin de mes) y un jabón en barra. Yo fui, y en vez de comprar esas cosas todas materiales, compré un precioso ramo de claveles, volví, entré sin hacer ruido y se lo di con todo mi amor.
Cuando se acostó, sin siquiera darme las gracias por las flores, me dio la espalda, pero yo me acosté en cucharita, me recosté en el codo, y en voz bien suave, como dijo la psicóloga, le dije, casi en un susurro ¿viste que en la otra cuadra hubo un accidente de moto? Se tapó la cabeza, diciendo no sé qué barbaridades.
No sé qué habrá fallado, pero no funcionó.
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