EXPERIENCIA VIVENCIAL DE LA ENFERMEDAD Y EL SUFRIMIENTO

Una de las quejas más frecuentes respecto al abordaje de la enfermedad y del dolor se encuentran la incapacidad del médico para mirar más allá de los síntomas y de manera excepcional atendiendo a su realidad personal. Y es que el dolor y el sufrimiento solamente lo vive el enfermo como una percepción subjetiva y primaria.

La enfermedad es un ser de otra naturaleza que se instala repentinamente en el cuerpo, que invade mi vida, mi actividad y que nos provoca inicialmente un rechazo total, para pasar en las siguientes fases a una aceptación y aprendizaje de las nuevas condiciones en las que la enfermedad ha dejado de ser una extraña.

Pero sigue siendo “un otro” dentro de mí que limita mi libertad y en la que se produce un extrañamiento del cuerpo en metamorfosis en la que llegamos a no reconociéndonos a nosotros mismos..

El dolor se convierte en el eje sobre el que gira todo mi mundo. En la enfermedad, la percepción del tiempo cambia, sólo es real para el sujeto en tanto que es percibido, y esta percepción solamente tiene lugar en el momento presente.
Los síntomas de la enfermedad nos provocan una gran desesperación de la pérdida de control. El paciente se encuentra, en este estado, cautivo por lo inmediato.

Las relaciones con uno mismo –dimensión intrapersonal– y con los demás –dimensión interpersonal– están sujetas a notables cambios. Nos encontramos a nosotros mismos solos, envueltos en una cápsula en la que cualquier acceso es, más que un consuelo, una molestia.

Como conclusión, es importante para nosotros encontrar esos interlocutores, ese espacio y ambiente donde poder expresar nuestra experiencia vivencial del sufrimiento (que es único en cada enfermo) y no solo a los síntomas que el párkinson nos produce en general a todos.

En esto se resume un acercamiento a la enfermedad de manera fenomenológica, desde una perspectiva en primera persona.

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