El ejercicio físico acuático mejora los síntomas motores del Parkinson. | Fundación Degén
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El ejercicio físico acuático mejora los síntomas motores del Parkinson.

 

• Una revisión que incluye 7 ensayos clínicos demuestra los beneficios del ejercicio acuático en la enfermedad de Parkinson.

• Sesiones de 1 hora 2 ó 3 veces por semana producen beneficio ya después de 5 semanas de terapia.

• Frente a no hacer ningún tipo de ejercicio, los pacientes mejoran en su estado motor.

• Otros beneficios son la mejoría en el equilibrio y la reducción de caídas así como en la percepción de calidad de vida.

• Para pacientes con problemas de movilidad y riesgo de caídas, el ejercicio acuático constituye una muy interesante alternativa terapéutica al ejercicio convencional.

Uno de los problemas que los pacientes con enfermedad de Parkinson pueden desarrollar es la inestabilidad postural, con el consecuente riesgo de caídas, pudiendo suceder cuando realizan ejercicio físico o una actividad física concreta que se supone que es beneficioso para su enfermedad, pero que al mismo tiempo pueda resultar peligrosa. Como alternativa al ejercicio convencional está la posibilidad de realizar ejercicio físico en el agua, por ejemplo, en piscina. Realizar ejercicio en el agua puede ayudar a trabajar aspectos importantes como la rigidez, la fuerza, la resistencia o el equilibrio y la estabilidad sin riesgo de caídas. Sin embargo, no está clara cual es la evidencia científica al respecto.
 
 
Como objetivos primarios definieron los cambios en la severidad de la enfermedad, estado motor, realización de tareas y riesgo de caídas, mientras como secundarios los cambios en síntomas no motores y en la percepción de su calidad de vida. Incluyeron estudios con pacientes recibiendo ejercicio acuático frente a ningún tipo de ejercicio, así como otros con pacientes recibiendo ejercicio acuático frente a ejercicio físico convencional (fuera del agua).
 
El efecto del ejercicio acuático fue superior al ejercicio fuera del agua en cuanto a la mejoría observada en equilibrio (Berg Balance Scale), episodios de caídas (Falls Efficacy Scale) y calidad de vida (PDQ-39).
Por el contrario, no hubo diferencias entre el ejercicio acuático y el ejercicio fuera del agua en las otras escalas utilizadas para medir actividades de la vida diaria (UPDRS-II), estado motor (UPDRS-III), estado global del Parkinson (puntuación total de la escala UPDRS) y la capacidad para iniciar la marcha (Timed Up and Go Test).

En conclusión, el presente estudio demuestra que realizar ejercicio físico dentro del agua de forma rutinaria y adecuadamente controlado por un fisioterapeuta experto frente a no hacer ejercicio produce beneficios en aspectos motores, de equilibrio y en calidad de vida. Es importante sobre todo como posible terapia en pacientes con limitación para realizar ejercicio convencional por riesgo de caídas. En la práctica es algo recomendable y algunas asociaciones de pacientes ofrecen la hidroterapia como una terapia a sus pacientes con enfermedad de Parkinson.

Abril 2019
DIEGO SANTOS GARCÍA
NEUROLOGÍA, CHUAC (COMPLEJO HOSPITALARIO UNIVERSITARIO DE A CORUÑA), A CORUÑA