Permeabilidad intestinal y enfermedad de Parkinson: ¿Qué evidencia hay? | Fundación Degén
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Permeabilidad intestinal y enfermedad de Parkinson: ¿Qué evidencia hay?

 

• La microbiota intestinal está alterada en pacientes con Parkinson, en lo que se llama disbiosis. No se sabe la causa, pero se hipotetiza que un agente causal la produciría.

• La disbiosis produce un incremento anómalo de la permeabilidad intestinal, que genera una respuesta inflamatoria.

• Esta respuesta inflamatoria podría ser la causa del inicio de la enfermedad (con la formación de cuerpos de Lewy) a nivel del sistema nervioso entérico, y ascender por el nervio vago al cerebro.

• Otra posibilidad es que la respuesta inflamatoria afecte sistémicamente al cerebro de una forma más directa.

• El tratamiento con probióticos, prebióticos, sinbióticos y otras sustancias podría mejorar la función de la microbiota y mejorar algunos síntomas.

• Queda por ver el rol de mecanismos concretos como bloquear la expresión de TLR4 para frenar el desarrollo de la enfermedad.

El pasado día 20 hubo una reunión en Madrid en el que diferentes expertos hablaron sobre el papel de la permeabilidad intestinal y su relación con diferentes enfermedades, entre ellas, las neurodegenerativas como la enfermedad de Parkinson.
 
 
 
Lo que se conoce también desde el 2011 es que los pacientes con Parkinson desarrollan en el sistema nervioso entérico a nivel intestinal cuerpos de Lewy, el marcador patológico característico de esta enfermedad, y que existe una correlación entre estos hallazgos patológicos y el incremento de la permeabilidad intestinal, es decir, el intestino está dañado y hay facilidad de que a través de él puedan penetrar sustancias. Es lo que se llama como síndrome del intestino agujereado. Aunque no está muy claro, se piensa que posiblemente un agente causal alteraría la microbiota intestinal (conjunto de microorganismo vivos que residen en el intestino), produciendo lo que se llama disbiosis. Esto generaría un incremento de la permeabilidad intestinal que conduciría a la producción de una respuesta pro-inflamatoria con participación de muchas moléculas, que acabaría desencadenando la afectación del sistema nervioso entérico y la formación de cuerpos de Lewy.
 
Desde ahí ascendería por el nervio vago hasta el cerebro, o bien incluso a nivel sistémico esa respuesta inflamatoria generaría también una reacción a nivel cerebral, contribuyendo de esta manera a la progresión de la enfermedad. De esta forma las bacterias alteradas de la microbiota intestinal producirían endotoxinas que interaccionan con receptores como los TLR4. Así se han observado niveles elevados de TLR4 en ratones con Parkinson que desarrollan inflamación y depósitos de alfa-sinucleína. Sin embargo, anulando la expresión del gen TLR4 los ratones no desarrollan estas alteraciones, sugiriendo una línea de investigación para bloquear los mecanismos fisiopatológicos del Parkinson.
 
 
 
Se pueden usar precursores y cofactores de fosfolípidos (deficientes en pacientes con disbiosis e incremento de la permeabilidad intestinal) probióticos (microorganismos vivos que, ingeridos en cantidad adecuada, ejercen efectos beneficiosos en la salud), prebióticos (oligosacáridos que favorecen la función de los probióticos) y sinbióticos (llevan ambos, pro y prebióticos). Hay resultados en modelos animales de Parkinson que demuestran que los tratamientos con dieta que llevan este tipo de sustancias normalizan la flora intestinal, reducen el incremento anormal de la permeabilidad intestinal y la respuesta inflamatoria y que esto se acompaña de mejoría clínica en ejercicios de movilidad y respuesta cognitiva. Faltan resultados en humanos, aunque hay ensayos que han demostrado mejoría de síntomas gastrointestinales como el estreñimiento en pacientes con Parkinson con pro/prebióticos frente a placebo. Se ha postulado que síntomas como la depresión, el dolor o alteraciones conductuales podrían mejorar.

Finalmente, comentar que un trastorno frecuente es el síndrome de sobrecrecimiento intestinal bacteriano (SIBO), que consiste en que bacterias del colon invaden el intestino delgado. Aunque no está claro, algunas investigaciones lo han relacionado con una mayor afectación motora y algún estudio ha demostrado que el tratamiento del SIBO en pacientes con Parkinson puede reducir el tiempo OFF y la falta de respuesta al tratamiento, especialmente en pacientes que al mismo tiempo tienen infección por el Helicobacter Pylori.

En conclusión, el papel de la microbiota intestinal en la enfermedad de Parkinson es muy apasionante, pudiendo tanto tener implicación en el origen de la enfermedad como existiendo la posibilidad de tratamientos que mejoren algunos síntomas. En otras enfermedades degenerativas como el Alzheimer o en la ELA se está investigando y hay evidencia también sobre disbiosis e incremento de la permeabilidad intestinal, al igual que en el Parkinson. Seguramente con el tiempo, iremos conociendo más cosas y su grado de relevancia.

Febrero 2019
DIEGO SANTOS GARCÍA
NEUROLOGÍA, CHUAC (COMPLEJO HOSPITALARIO UNIVERSITARIO DE A CORUÑA), A CORUÑA