Perros “superoledores” para identificar el Párkinson | Fundación Degén
Quiero colaborar
BLOG
VOLVER

Perros “superoledores” para identificar el Párkinson

En la enfermedad de Párkinson se está investigando cómo poder llevar a cabo un diagnóstico más precoz. Es importante si en el futuro llegamos a disponer de un tratamiento que, aplicado precozmente, pueda frenar o al menos enlentecer la progresión de la enfermedad.

Entre las herramientas utilizadas, se ha investigado el uso de perros entrenados con capacidad para oler a los pacientes e identificar la enfermedad. Los perros entrenados pueden utilizarse para detectar drogas, explosivos y hasta encontrar el rastro de personas perdidas. Pero, además, en el ámbito médico se ha reportado en publicaciones la capacidad de perros entrenados para oler y detectar cáncer, malaria o COVID. Se publica un trabajo en la revista Movement Disorders que analiza si los perros entrenados “superoledores” puden ser utilizados para identificar a pacientes con enfermedad de Párkinson.

Se trata de un estudio realizado en cuatro centros de China diseñado para evaluar el uso de perros entrenados con capacidad de oler como herramienta para distinguir entre pacientes con Párkinson y personas sin la enfermedad (controles). Los participantes fueron reclutados a lo largo de 1 año y se incluyeron tanto pacientes sin tratar como pacientes con medicación para el Párkinson. Se obtenían muestras de la espalda de los pacientes con torundas de gasa médica que posteriormente se congelaban a -30ºC en bolsas de plástico. Se contó con 3 perros de raza pastor belga “superoledores” que podían oler entre 6 y 7 muestras de pacientes en cada valoración. Dos perros tenían 8 años y habían sido entrenados para oler la enfermedad durante 2 años y el otro perro tenía 3 años y su entrenamiento había sido de 1.5 años. Cada sesión de entrenamiento duraba 30 minutos. Al perro se le daba a oler una muestra de paciente con Párkinson y después tenían que oler varias muestras; cuando identificaba una como positiva para Párkinson se tumbaba enfrente de la misma. A los sujetos participantes se les administraron varias escalas de síntomas motores y no motores.

La muestra final de participantes fue 109 pacientes con enfermedad de Párkinson a tratamiento, 37 pacientes con Párkinson sin tratamiento y 654 sujetos control. En los 109 pacientes medicados con diagnóstico de enfermedad de Párkinson, 99 fueron positivo por dos o tres perros, 3 positivo por un solo perro y 7 negativo por los tres perros. Es decir, sólo en un 6.5% de los casos el test fue negativo por los tres perros que no lo identificaron como enfermedad de Párkinson cuando sí la había. En el caso de los pacientes con una enfermedad más inicial y sin tratar, 33 de los 37 pacientes evaluados fueron positivo por dos o tres perros, 3 dieron positivo por un perro solamente, y uno fue negativo por los tres perros. Es decir, en el subgrupo con enfermedad muy inicial, en el 97% de los casos al menos un perro detectó la enfermedad. Finalmente, entre 654 sujetos control sin enfermedad de Parkinson, 570 dieron negativo por dos o tres perros, 31 dio positivo por dos o tres perros, y 53 fueron positivos por un solo perro. Es decir, en el 87% de los casos los 3 perros concluyeron que no había Párkinson cuando realmente no la había. Los sujetos control que dieron positivo fueron avisados para poder acudir al centro y ser evaluados pero sólo una minoría acudió, sin especificarse en la publicación si alguno de ellos cumplía estrictamente criterios de enfermedad de Párkinson; aunque sí algunos signos como rigidez o trastornos del sueño. Se realizaron más análisis considerando como válida la respuesta positiva sólo de un perro o por grupos de edad o tiempo de evolución de enfermedad, siendo la precisión en casi todos ellos en torno al 90% o más.

Considerando todos los participantes y utilizando como criterio que al menos dos de los tres perros detectaran la enfermedad, la sensibilidad y especificidad de la prueba fue del 91% y 95% respectivamente. Esto quiere decir que de cada 100 pacientes, a los perros se les escaparían sin identificar 9 pacientes con Párkinson; y por el contrario, se equivocarían identificando como pacientes con Párkinson cuando no lo serían a 5 pacientes de cada 100. La precisión diagnóstica sería alta, del 93%. En la práctica clínica esto quiere decir que el equipo de perros podría ser utilizado, no para la confirmación diagnóstica, sino como herramienta de screening precoz en poblaciones concretas o grupos de riesgo. Si el test es positivo, podría plantearse ya en un segundo paso la evaluación por parte del especialista y realización de pruebas si es pertinente.

En resumen, se trata del primer artículo con un estudio bien desarrollado que demuestra que un equipo de perros entrenados “superoledores” podría servir para identificar precozmente la enfermedad de Párkinson. En la práctica podría considerarse como una herramienta de screening para detectar la enfermedad. Una de las preguntas que surge es si estos resultados se podrían extrapolar a otros equipos de perros entrenados en otros países o si como alternativa fuera posible el envío de muestras desde otros lugares para evaluar las mismas.

 

 

Diego Santos García
Servicio de Neurología, CHUAC (Complejo Hospitalario Universitario de A Coruña), A Coruña
Neurología, Hospital San Rafael, A Coruña